La guerra fria (vol. 2)

La guerra fria (vol. 2)

Los siglos pasan pero el principio permanece y de tiempo en tiempo se manifiesta en toda su hermosura, para introducir la angustia y el miedo a un conflicto generalizado en nuestra vida cotidiana. De hecho, y gracias a la aparición de dos personajes similares pero militantes en bandos contrarios, la posibilidad de retroceder hasta los apocalípticos momentos de la Guerra Fría son cada vez más palpables. A finales de invierno de 2019, Vladimir Putin en la Rusia surgida tras el derrumbe del telón de acero, y Donald Tramp en estos Estados Unidos feroces restauradores del peligroso lema “América para los americanos”, han recobrado ese antagonismo suicida que desquició al mundo nacido tras la II Guerra Mundial y pintó de gris oscuro las calles y las plazas de las naciones de Europa que tiritaban pensando que saldrían de una guerra para meterse en otra. La Guerra Fría de los años 60, que hizo histórico escenario en aquel Berlín hecho pedazos y a su vez convertido en una isla cercada de alambre espino y hormigón armado en pleno territorio de la nueva RDA, vuelve con toda su carga épica, lírica, estética y dramática. Bienvenidos pues, sir John Le Carré, el espía Alec Leamas, el check point Charlie, los cinco de Cambridge –Philby, Burgess, Blunt, Mclean y Caimcroos por si alguien los ha olvidado- Graham Green, el ministro Profumo, la bella Christine Keeler, el agregado naval Ivanov, el KGB, la CIA y el MI5, las oficinas de Aeroflot pegadas a la embajada de la URSS cuyo tabique trasero lindaba con la americana, y la larga avenida Unter der linden a la que cortaba por la mitad la puerta de Brandemburgo. Pasen y vean y amartillen la Baretta que nos falta James Bond. Michael Caine está un poco viejo para recrear los episodios de Harry Palmer y sacar de tapadillo a un disidente metido en un ataúd como hacía en “Funerales en Berlín” pero ya habrá otro que le sustituya. Venezuela no es Cuba pero guarda una inquietante semejanza.

Putin le ha dicho a Trump que desplegará sus misiles apuntando a Washington si Trump sigue empeñado en diseminar los suyos por Europa, así que estamos como hace cincuenta años. Lo malo es que ahora no están los Beatles para alegrarnos la vida editando otro álbum blanco.