Opinión

Amistad

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Amistad

Los amigos son como la sangre, acuden a la herida sin que se les llame”. Este dicho muestra en cierto modo el significado de la amistad. Eso que une a las personas en la cercanía o en la distancia, sin que haya que estar en contacto de continuo, en presencia física constante. Basta tener la fe de que la persona estará ahí, pase lo que pase. ¿Cómo definir la amistad? ¿Quién lo sabe? Tal vez los poetas más que nadie, porque la amistad es un sentimiento entre sentimientos, un fuerte lazo que une, confianza, apoyo, respeto, una puerta a la experiencia de lo que no se ve pero se siente en profundidad, es eso a lo que no se le da la espalda, la procura de no tener que pedir perdón, y si acaso hay por qué, saber perdonar. La amistad es un fruto difícil de acceder a él, no surge sino en contadas ocasiones y hay que aprovecharlas, cuidarlas y mimarlas. 

Pero siempre con la sinceridad que requieran las situaciones. Un poeta anónimo escribe: “No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parte el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo”. Eso debe de ser amistad de verdad, como lo es compartir las alegrías, sentirse feliz cuando lo es el otro. La amistad es la esperanza de que no se está solo. Escribe Castro Saavedra: “Amistad es lo mismo que una mano / que otra mano apoya su fatiga / y siente que el cansancio se mitiga / y el camino se vuelve más humano”. No hablamos de familia, ni de amor en tanto que se entiende generalmente, ni de la inmensa adoración de los hijos y los padres, ni de los enamoramientos por muy intensos que sean. 

Hablamos de otra cosa que también puede encontrarse en la paz como en la guerra, en la abundancia como en carencia, en la adultez como en la infancia. La historia nos habla de amistad, el arte nos habla de amistad, la vida nos habla de amistad. Existe y es fuerza para quien tiene la suerte de contar con ella, sobre todo en tiempos de individualismo, de incomunicación y zozobra. Hay tiempo para el sentimiento que llama, y tiempo para el sentimiento que responde y acompaña. Nos salva el recuerdo de la amistad que perdura frente a las circunstancias y el no verse en días, meses, o años. Ahí está, en el corazón. Dice John Burroughs: “Aquel quien más pronto da que pide. Aquel quien es el mismo hoy y mañana. (…) Ese es a quien yo llamo un amigo”.

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