Opinión

Escribía Shakespeare

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Escribía Shakespeare

Todos sabemos que todavía estamos en peligro, lo que no sabemos es cuándo ese peligro dejará de serlo. El mal que nos aqueja actualmente se ha enraizado en la invisibilidad, y todavía golpea fuerte porque se siente dueño del espacio en que habitamos. Los analistas de todo el espectro social y económico auguran repercusiones pavorosas, en tanto en cuanto este fenómeno letal ha destruido todo lo que se le ponía por delante, al margen de lo más triste, que ha sido la pérdida irreversible de tantas vidas humanas. 

Así pues, las consecuencias de este desastre continuarán durante mucho tiempo y con más pérdidas de vidas que se sumarán a la desgracia. Y lo peor, sin nada a medio plazo que lo remedie. Sin embargo, tal y como escribía Shakespeare, “hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que han sido soñadas por tu filosofía”. Y pienso que, aunque el peligro es muchas veces mortal, como es en este caso, y que no existe la felicidad completa, ya que cuando se alcanza un mínimo de ella, atormenta la idea de perderla, el ser humano, incansable, tiende a su búsqueda. Esa es la esperanza que nos sostiene. Su meta es encontrar el paraíso perdido, y precisamente, como decía el genio de Avon, hay más cosas en el cielo y en la tierra que todo lo que podamos soñar. 

Y ahí está la clave, la incógnita: que nunca sabemos lo que puede pasar, lo que la historia por venir le tiene reservado a la humanidad. Lo que sí es seguro es que, en esa búsqueda, si se quiere llegar a buen fin, se tendrá que tener en cuenta que todo paraíso tiene su serpiente y al contrario de lo que ha pasado ahora, habrá que estar prevenidos. Es la lección que se nos ofrece sin deber olvidarla ni un instante. Somos tan frágiles, tan vulnerables, que todo cuidado ha de ser poco. 

No hay enemigo pequeño, y esa evidencia la vivimos actualmente cada día. Veinticuatro horas diarias que son una odisea que hay que superar, con todo lo que ello conlleva de azaroso, de lucha, de miedo, de angustia. Mientras, los laboratorios del mundo entero buscan lo que todos deseamos. Y no se trata del Jardín de las Hespérides o el Toisón de Oro, sino de hallar una vacuna y un tratamiento que nos redima de este mal. Pero hasta que eso llegue, deberemos usar las armas defensivas de que se pueden disponer hasta ahora, tal como son las mascarillas y las distancias.