Opinión

La sonrisa borrada

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La sonrisa borrada

Qué triste está la calle. Ni una sonrisa. La defensa de la vida que representa la mascarilla contra el coronavirus la ha borrado. Las personas la adivinan en los demás al cruzarse, pero no  la ven. Casi ni se reconocen, tan tapadas, tan absortas en su ir y venir, tan preocupadas, porque tampoco es bueno pararse, hablar frente a frente durante un tiempo seguido. Un adiós, me alegro de verte, o cómo estás, llega apagado, para saber que la amistad sigue, la simpatía. Para paliar esta rigurosidad, se confeccionaron embozos de muchas marcas, con telas diferentes y estampados a veces alegres o al menos amables. La creatividad casera ha mostrado una vez más su abanico de posibilidades. Y en los sitios adecuados se pueden encontrar de diversas características. 

Esto no soluciona la falta de sonrisas, pero por lo menos ayuda a llevar la pandemia con más ánimo. No obstante, este borrado del signo risueño, además de librarnos del peligro, también nos hace recordar a todos aquellos que se llevó esta peste que no ha cesado de amenazar. Es bueno no olvidarse de los que se llevó el virus, ni de las familias que quedaron sin sus seres queridos, es bueno recordar y que no se sientan solas. Cierto es que la memoria es frágil, pero los meses pasados deberían ser como un aviso y una alerta. Esos largos días que fueron, y todavía son, representan una terrible pesadilla que perdura por desgracia. Las sonrisas que se desvanecen tras la defensa que cubre los labios son un poco como las añoradas y melancólicas golondrinas que describía Gustavo Adolfo Bécquer. No están, se fueron, pero volverán, aunque ya no serán las mismas, ni nada igual. 

En el libro de la historia presente se ha vivido algo parecido a un paréntesis cubierto de luto. Y el tiempo se ha dividido en un antes y un después. Dicen los expertos que habrá repuntes y esto nos asegura una vez más lo vulnerable que es el ser humano. Y hay que preguntarse, ¿cómo lo llevarán los pequeños? Ese universo inocente que día a día, aceleradamente, como suceden actualmente las cosas, descubre el mundo. Al margen de lo que se conoce por normalidad, ¿qué verán ellos que tienen toda la vida por delante? Hay que esperar que este “después” les sea más propicio, que la ciencia, ante lo que se presente, logre soluciones efectivas. Que nunca lo inesperado les tenga que borrar la sonrisa.