Opinión

Operación Balmis

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Operación Balmis

La verdad es que, con la que está cayendo, intentar no comentar nada sobre la terrible pandemia de COVID-19 que trae en jaque a la humanidad se hace complicado. Tampoco somos los primeros en analizar estas cuestiones, pero no por ello queremos dejar pasar la ocasión de homenajear al médico Francisco Javier Balmis (1753-1819), desaparecido hace y 200 años.

En 1803 fue el artífice y director de la expedición sanitaria bautizada con su apellido, el mismo que ahora han adoptado nuestras fuerzas armadas para bautizar la operación de auxilio a la sociedad española en su lucha contra el coronavirus SARS-CoV-2.

La viruela también es una enfermedad causada por un virus (Variola virus), que causa una grave enfermedad contagiosa que no tiene tratamiento, pero que gracias a la vacunación masiva mundial fue erradicada oficialmente en 1980. Como el coronavirus de la COVID-19, se transmite de humano a humano, aunque rara vez por vía aérea. Su único reservorio ha sido el hombre, sin que se haya podido demostrar el contagio por contacto con animales o insectos. Las únicas muestras del virus se custodian actualmente en laboratorios específicos, pues su diseminación accidental o su uso como arma biológica supondría una catástrofe de proporciones apocalípticas.

En 1796, mientras esta plaga diezmaba Europa, el médico inglés Edward Jenner (1749-1823), considerado el padre la inmunología, descubrió que las lecheras eran inmunes a la viruela. Jenner comprobó que al ordeñar las vacas infectadas por la viruela bovina estas personas se contagiaban con el pus de las ampollas de las ubres, lo que les servía de vacuna ante la peligrosa viruela. De esta manera, inoculó al pequeño James Phipps, de 8 años de edad, material purulento procedente de las manos de la lechera Sarah Nelmes, a su vez infectada de viruela vacuna por su vaca Blossom.

Expuesto posteriormente a la viruela humana, el pequeño James nunca enfermó. Aunque hubo precedentes, se considera la vacuna (de vaca, por supuesto) de Jenner como uno de los procedimientos médicos que más vidas ha salvado en la historia de la humanidad. Retomando al doctor Balmis, sabemos que llegó a ser médico personal del monarca Carlos IV, al que persuadió para llevar al continente americano la vacuna de Jenner.

Como entonces no existían las modernas redes de conservación de vacunas y medicamentos, capitaneó una expedición que partió del puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803 a bordo del navío María Pita, con un pasaje de 37 personas, entre las que figuraban 22 huérfanos varones de entre 3 y 8 años de edad, acompañados por el propio Balmis, dos médicos asistentes, dos prácticos, tres enfermeras y la rectora del orfanato coruñés, Isabel Zendán. Durante la travesía, los 22 niños fueron inoculados de dos en dos, consiguiendo alcanzar Puerto Rico y extender la vacuna por América y Filipinas.

Una mente preclara y 22 pequeños héroes.