Opinión

El hilo de Oro

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El hilo de Oro

Cuenta el mito griego que la princesa Ariadna -hija del legendario rey Minos de Creta y la ninfa Pasifae-, entregó un hilo a Teseo, hijo del rey Egeo de Atenas, provocando un orden nuevo. Apenas un flechazo fue suficiente para que Ariadna traicionara a su padre y su patria, entregando a Teseo un ovillo que estaba hilando, para que con el hilo pudiera salir invicto del Laberinto construido por Dédalo, después de haber desafiado el tributo anual de siete muchachos y otras tantas doncellas entregados para alimentar al Minotauro. Ese hilo de Ariadna, que en francés se trasladó incluso al medio informático -fil d'Ariane-, como técnica utilizada en distintas interfaces gráficas y páginas web, permitiendo al usuario la ubicación de la ruta de sus directorios y la navegación en le red, se origina en el llamado Hilo de oro, una técnica de investigación policial surgida en el Triángulo del opio.  Con este método, los detectives realizaban sus pesquisas desde el usuario final de la droga y su proveedor  para, de manera paciente, seguir el complejo entramado de distribución que diera con la cabeza del grupo narcotraficante, desarticulándolo.

De ahí que, cuando se trata averiguar un desarrollo, basta seguir la secuencia de hechos o personas que se encadenan sucesivamente en un beneficio, por lo general exponencial,  para dar con la génesis o autor. Una táctica que sería interesante aplicar a los últimos acontecimientos para realizar un análisis más profundo de cómo tratan de influir y manipular las formaciones políticas a la ciudadanía. No es necesario ser excesivamente sagaz para sacar conclusiones leyendo entre líneas.

Ante una transgresión urbanística, para obras sin licencia, en base a la Ley del Suelo, Madrid plantea dos tipos de expediente, multando o persiguiendo la demolición, pero siempre contemplando un plazo máximo de 4 años para la prescripción.  Considerando que en la capital hay abiertos cerca de 900 expedientes, algunos de ellos de titularidad de políticos de distintos partidos, ¿A qué viene el circo de la vivienda de Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio, como “el chalé de Vox”? ¿Por qué después de un verano prácticamente exento de fuegos en Galicia, ante el rumor de elecciones generales, se desata una oleada de incendios forestales? ¿O por qué repentinamente se extiende una epidemia de intoxicaciones alimentarias en todas las Administraciones vinculadas a la derecha española? Y todo esto después de que Pedro Sánchez matase dos pájaros de un tiro, sacudiéndose de encima a Pablo Iglesias, empujado a desaparecer como partido, y justificando a costa de Unidos Podemos la convocatoria de comicios de los que sale Presidente del Gobierno o Jefe de la Oposición. ¿De verdad es tan difícil concluir un corolario?

La vieja estrategia de divide et vinces en la carrera por el poder se cobra siempre por mártir al Pueblo. Tanto las formación políticas como al electorado deberían moverse por el interés general antes que por simpatías partidistas o afinidades ideológicas. No se trata ya del color del Gobierno Central, a fin de cuentas el mando siempre amaina a los extremos, de modo que, al ocupar el poder,  mientras los conservadores se arriman al centro, los progresistas transitan a neoliberales moderados. De lo que se trata es  de que el Ejecutivo que resulte ponga su empeño, no en 300 ni en 1.000 puntos que contenten a unas cuantas agrupaciones e instituciones, sino en dotar de todos los medios para materializar el Estado de bienestar, de modo que no solo de iure sino de facto, el derecho a la vivienda digna sea una realidad para todos los ciudadanos, igual que el acceso al empleo, a una educación universal de la que no queden descolgados muy buenos estudiantes por carecer de dinero para adelantar gastos antes de recibir una beca; el respeto a la libertad de opinión sin ser coaccionado por ejercer el libre pensamiento, así como a una información libre, plural y veraz, o el acceso a una Justicia en igualdad de condiciones, pese a la extracción económica o social del interesado, para que la Constitución sea, lejos de papel de estraza, la piedra angular ciudadana.

Claro que desigualdades como la Ley D'Hont ponen en brete esa equidad y razón porque, como defendía el filósofo riojano Gustavo Bueno, en las elecciones el pueblo tiene la ilusión de ejercer el poder, pero no es así, claro, no hay voluntad general, ésa es una idea metafísica.