Opinión

Invasión

Opinión

Invasión

Un billete de ferry entre Ceuta y Algeciras , haciendo el periplo a pie, cuesta justo 9 euros. El precio del visado para entrar en el Espacio Schengen -que en principio se otorga por tres meses-, imprescindible para viajar a España desde Marruecos, es de 660 en moneda local, a lo que se suman 170 de cuota de tramitación del Centro de Recogida. En total 830 dirhams, que al cambio son 76,60 euros. De estas tasas están exentos los menores de 6 años, y los cónyuges, padres e hijos de ciudadanos de la Unión Europea. Para una estancia lícita, a esa suma hay que añadir el 400% del Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples (Iprem), cuyo montante es de 537,84 euros, es decir, 2.151,36 euros, y los gastos de repatriación, otros 9 euros. Y así tenemos que la entrada legal en España desde Marruecos tiene un coste total de 2.245,96 euros

Si el origen del visitante es Nigeria, un vuelo a España cuesta 391 euros, otros tantos de vuelta para costas de repatriación, más los 86 euros consabidos del visado, a los que se le añaden los 2.151,36 euros del 400% del Iprem, lo que arroja una cifra de 3.019,96 euros.

El viaje desde Nigeria para llegar a Marruecos, una aventura infernal a través de desiertos, atravesando las fronteras africanas necesarias, y en condiciones penosas, resulta incuantificable en función de la mafia de traficantes humanos que organice la expedición. Cruzar el Estrecho en patera, no importa si nigeriano o magrebí, comporta 6.500 euros. A ello se añade la propia manutención y un teléfono móvil de última generación que ronda los 500 euros, pudiendo llegar a los 2.000, más la conexión a internet. A la factura se le suman 1.000 euros a mayores por un desembarco aproximadamente seguro, con desplazamiento posterior a Barcelona, es decir, unos 8.000 euros.

Por supuesto, las más de las veces son abandonados al pairo en el litoral, cuando no zozobran en mitad del frío Atlántico, al enviarlos sin piloto en balsas cochambrosas. Lance éste que sólo afecta a los rifeños, porque los subsaharianos se exponen a acabar sus días en Libia como esclavos, dejándose la piel de sol a sol el resto de su vida en canteras u otros oficios igual de penosos.

Recapacitemos. ¿Viajar legalmente a España cuesta alrededor de 3.000 euros, sin correr riesgos, y hacerlo de manera irregular supone casi el doble de dinero, jugándose la vida la mayoría de las veces? ¿Por qué entonces hay quien se expone a riesgos por precios desorbitados? ¿Cómo se le ocurre a alguien pretender cruzar la valla armado con ácido para rociar y bolas de acero para agredir a los guardias que custodian la frontera, y pertrechados para derribar la alambrada, -obviamente organizados en batallones e instruidos-, arriesgándose a ser interceptados y repatriados? ¿O por qué durante el cierre perimetral por el covid no se registraron incursiones en las costas, y apenas se abren fronteras el flujo se dispara exponencialmente? ¿Los desembarcados en Canarias, vienen realmente en busca de ocupación y una vida mejor? 

Para responder a esto habría que revisar el Tratado de Extradición hispanomarroquí, evidenciando que el país árabe ingresa fondos tanto por enviar como por recibir de vuelta a los inmigrantes, todo ello por gentileza del Estado español. Por otro lado está la cuestión de las ansias de expansión marroquíes, que reivindican no sólo Canarias sino todas las plazas de soberanía y la línea de islas y atolones españoles que rodean la costa africana: Ceuta, Melilla, Alborán, Tabarca, Perejil, Las Alhucemas, Las Chafarinas y el Peñón de Vélez de la Gomera, cuya titularidad entra en conflicto con los intereses de las prospecciones petrolíferas de los magrebíes, dentro de la zona afectada por el mar territorial, esto es, las 12 millas náuticas de soberanía española. 

¿La inmigración es necesaria? Sí. Permite atraer trabajadores que repercuten positivamente en el mantenimiento del estado de bienestar. Pero hay que controlar la marabunta, porque abandona a los inmigrados a su suerte y beneficia sólo a un puñado de mafias, sin que nadie se plantee que algún partido político esté intentado doblegar la demografía para hacerse con el voto inmigrante.