Opinión

Basta ya de alarmas, histerias y chapuzas

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Basta ya de alarmas, histerias y chapuzas

Esta tragedia que está sufriendo la humanidad a nivel mundial, con miles y tal vez millones de víctimas del llamado coronavirus covid-19, es una catástrofe natural más, pero no, como se suele decir, sin precedentes, sí hay precedentes, y bastantes; la historia nos lo cuenta, no hace falta que los enumeremos, ni ser un erudito, como diría Antonio Escohotado; todos lo podemos ver y leer en nuestro móvil, solo hay que ponerse, nunca ha sido tan fácil consultar una enciclopedia. 

Antes de Cristo y después de Cristo, sabemos que de vez en cuando, la naturaleza, dios, el destino o quien Vd., le parezca que tiene el mando único,( este sí es de verdad) de poder pulsar ese botón que pone en marcha la maquinaria capaz de fabricarnos en un pispás; un terremoto, un virus mortal, huracán, tsunami, volcán, un cáncer o un infarto, sin ir más lejos, entra en acción, y se pone a matar gente, simplemente, es así de sencillo, te ha tocado, amigo, “tes que morrer, machiño”, tenías patologías previas, tío, solo a tí se te ocurre, pum, pum, pum, y tú, y tú, y tú.., y tal y tal. 

Unas veces lo hace en silencio, como en este caso, que consigue meter el germen asesino en los adentros del personal disimulando, manda huevos, que diría aquel, hasta el punto de que lo tienes dentro y no lo sientes, como si de un asesino disfrazado de Papá Noel se tratara, y otras veces lo hace acompañándolo de espectaculares truenos, rayos y centellas para que el personal se vaya enterando y pueda ir llamando a los bomberos o a la U.M.E. El sistema, como vemos, es variado, tiene surtido, le vale de cualquier forma; en silencio o con estruendo, con dolor o dormitando, con más duración o con menos, en una pequeña zona, como en una gota fría, o en todo el planeta, como en esta pandemia; distintas formas, con distinta duración e intensidad, pero siempre matando, no sé si me explico, siempre matando. Dies irae dies illa. 

Ante cualquier situación de emergencia, ya sea un incendio, un accidente de tráfico o un naufragio, se pueden tener distintas reacciones en esos momentos de angustia y de incertidumbre; se amontonan las ideas, todo el mundo opina, el personal se pone nervioso y el encargado de tomar las decisiones se ve obligado a elegir la forma de enfrentar la situación y, como suele pasar, unas son acertadas y otras no lo son. Como en la conducción, cuando nos encontramos con un imprevisto, la primera reacción, que suele ser tardía, es dar un volantazo al lado contrario, la brusquedad de esa maniobra y la suavidad en la corrección, serán claves en el resultado final.

En nuestro caso, los responsables que en estos trágicos momentos tienen lo que ellos mismos llaman, y parece que les gusta; mando único, reaccionaron al más genuino e histérico modo hispánico; tarde y dando el típico volantazo, ya sabemos como va la cosa por aquí; pasamos de quemar iglesias a obligar a ir a misa y comulgar, de hacer reverencias y genuflexiones a poder blasfemar impunemente. En esta tragedia, en la que la chapuza nacional ha conseguido que ya ni sepamos contar las víctimas, cuando se podían haber tomado precauciones, en vista de los avisos que por diferentes caminos veníamos percibiendo; de China, Italia o de la OMS, permitieron que siguiéramos haciendo vida normal durante unos cruciales días de primeros del mes de marzo que resultaron decisivos para la propagación del virus. 

Esta oleada del virus ha pasado, podrán venir brotes, rebrotes y tormentas, pero la naturaleza trabaja así, como con las tempestades, a ráfagas, oleadas, de un sitio para otro, repartiendo la muerte, según le peta y, como podemos observar, al ver los números de víctimas de los países que sus mandos únicos han respetado más a sus ciudadanos y no los han obligado, “manu militari” (se habrán contagiado estos también de su excelencia? Él no lo habría hecho más duro) a confinarse en sus casas, no han tenido peores consecuencias, o tal vez han sido mejores. En Alemania, Suiza, Austria, Holanda, Suecia, etc., sus habitantes pasaron esta tormenta haciendo una vida casi normal, con libertad de movimientos desde el primer día y sin confinamientos. Controlaron sus fronteras, prohibieron espectáculos y aglomeraciones, pero no este cautiverio. ¿No podríamos pensar que hay otras alternativas que no sean las de seguir prorrogando los estados de alarma? Tomar precauciones, de acuerdo; distanciamiento, mascarillas, evitar el mogollón, etc., pero no volverse histéricos/as. 

La mayoría de nuestros países vecinos han acordado la fecha del 15 de junio para abrir fronteras y volver casi a la normalidad, tomando las precauciones de rigor, eso sí. Por aquí nos da la sensación de que les ha gustado el modo clausura, con alarmas y cuarentenas. ¿No podríamos dejar de ser diferentes alguna vez? Como en los viejos tiempos. Hasta que la autoridad competente lo decida. Señor, sí Señor.

Tal vez, consultando los B.O.E. de estos países que menciono, durante esta pandemia, podríamos aprender algo.