Opinión

Nacidos para incordiar

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Nacidos para incordiar

Afortunadamente la gran mayoría de la gente sale a la calle todas las mañanas con el ánimo de alegrar la vida a sus convecinos, y en este momento no puedo dejar de recordar con nostalgia póstuma a mi tío y padrino Ramón López, que casó en su tiempo con Maruja Eire y que era el paradigma de la educación en la calle aunque, claro está, tenía sus inconvenientes, porque ir a su lado por la calle del Paseo podría ser el motivo de que no supieras la hora en que podrías llegar a tu destino. Buenos días. ¿Cómo estás? No sabes lo que siento lo de tu padre, era una gran persona, estuvimos juntos en la guerra, ya sabes, todos los días me acuerdo de él. Unos pasos más y ¿cómo ha ido el verano? ¡Qué guapos están tus niños! Dale un beso a tu madre, y así.

De esta forma, la vida, compartida con gente amable y educada, se abre camino entre las brumas del otoño dando gracias a los dioses por vivir en paz, al menos relativa, en un mundo convulso lleno de sobresaltos y tragedias que antes nos parecían muy lejanas pero ahora vemos que se nos están acercando de manera alarmante.

Pero hay una serie de personas que justamente hacen lo contrario que el tío Ramón. También salen a la calle por la mañana, eso sí, pero desde el primer minuto están pensando en cómo pueden incordiar a su vecina o vecino. Hace unos días le daban un premio al prestigioso cineasta Fernando Trueba, que aparte de otras atribuciones, tenía asignado un cheque de 30.000 euros procedente de esa depauperada caja del Estado español de donde sale también el dinero para los parados, jubilados, indigentes, refugiados, etc. En el acto de la entrega del premio le ponen un micrófono delante y lo primero que se le ocurre es decir que no se siente español. ¡Vaya por Dios y por todos los Santos!

El concejal del Ayuntamiento de Madrid Guillermo Zapata acaba de ser absuelto por el juez Pedraz porque sus “chistosos” tuits son una muestra de la libertad de expresión. Esto de la libertad de expresión tiene su cosa. Un ejemplo de estos “chistes”: ¿Cómo meter a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero. Hay que reconocer que tiene imaginación el tío. Otro ejemplo: Van a cerrar el cementerio de las niñas de Alcàser para que Irene Villa no venga a por repuestos.

No me digan que no tiene “grasia” el gachó. Según el juez no tenía intención de insultar. ¡Vaya! Ha pedido disculpas a Irene Villa a través de Twitter: “Te pido disculpas, no pretendo banalizar una experiencia como la tuya u otras víctimas del terrorismo.” Yo creo que le faltó añadir: es que ese día estaba imbécil, simplemente, y lo entenderíamos todos. Porque ese es el problema. La imbecilidad puede ser permanente o temporal, parece que este caso corresponde al segundo, de ahí que el juez no estime conducta delictiva. Por eso que no debemos decir “este tío es imbécil”, sino que debiéramos decir siempre “este tío está imbécil”, de la misma forma que no decimos este señor es resfriado, sino que decimos, este señor está resfriado, dando a entender que se curará pronto. Lo que pasa es que tenemos la sospecha de que el imbécil lo es para toda la vida, vamos, que no se cura, y tal vez en algunos casos sea así, pero por lo que se ve, vamos a tener que ir cambiando los esquemas. Yo de esto entiendo, oiga.

Entre nosotros, voy a mencionar unos cuantos nombres de personajes conocidos de diferentes ámbitos: El orden es discrecional: Donald Trump, Artur Mas, Nicolás Maduro, Willy Toledo, José Mouriño, Jorge Verstrynge, etc., y algún otro/otros, incluso desconocidos pero tal vez cercanos, que podamos añadir a la lista. ¿No le da la sensación de que han nacido para incordiar?

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