Arturo Maneiro
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Esta semana se celebraba, en A Coruña, el Día de la Seguridad Privada. En el transcurso del acto se entregaron las distinciones al personal que trabaja en el sector y que, durante el último año, ha destacado por su labor, tanto en intervenciones meritorias en las que han participado como por la trayectoria profesional en el ejercicio de sus funciones.
La labor que lleva a cabo el personal de seguridad privada es encomiable. Bajo unas condiciones laborales, en cuando a jornada laboral y retribuciones, a veces precarias para los avances que ha alcanzado la sociedad en los últimos años, estos hombres y mujeres contribuyen con su buen hacer a la seguridad de todos los ciudadanos, colaborando activamente con Policía Nacional y Guardia Civil en sus cometidos. Son ellos los que conocen el tipo de delincuentes que frecuentan las propiedades o establecimientos que vigilan.
El presidente de las asociaciones de Seguridad Privada de Galicia ponía en valor la estrecha colaboración que existe entre seguridad privada y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, aludiendo a una realidad que debe preocupar a la sociedad y que es la reincidencia delictiva. Delincuentes que, día tras día, comenten hurtos o robos con fuerza y que constantemente quedan en libertad porque jueces y fiscales no cuentan con las herramientas legislativas suficientes para darles otro tratamiento. Personas que, en algunos casos, no están en condiciones para transitar libremente por la vía pública por los trastornos motivados por el consumo reiterado de drogas o por otras circunstancias derivadas del desarraigo social. Ciudadanos que libran cada día una batalla por conseguir su dosis diaria, pidiendo en la mayoría de los casos pero cometiendo delitos cuando la ansiedad o la limosna no alcanza para esa micra que sacie tan potente adicción. Un vicio que ha destrozado sus vidas, obligando a sus seres queridos a poner un duro pero necesario muro con ellos para evitar ser arrastrados hacia el precipicio de las deudas o las agresiones.
Los profesionales de la seguridad privada bregan a diario con toxicómanos que le faltan al respeto, les intimidan, les degradan e incluso les agreden. Ellos son la primera barrera de nuestra tranquilidad en el centro comercial, en la estación intermodal, en supermercados, campo de fútbol u organismos públicos. A su lado, con competencia en esta hermosa labor de garantizar la seguridad ciudadana y el restablecer el orden público se sitúa la Policía Nacional y la Guardia Civil, hombres de azul y verde que no dudan ni un segundo en correr hacia el peligro con la principal recompensa de salvaguardar el pilar invisible del estado de bienestar.
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