Opinión

Presupuestar y/o ejecutar

Opinión

Presupuestar y/o ejecutar

Cuando, en la portada de La Región del viernes  30 de octubre, leo: “El Gobierno ejecuta sólo el 37% de la inversión que destina a Ourense. Los presupuestos del Estado de la última década, tanto los ejecutivos del PP como del PSOE, incumplen sistemáticamente la mayor parte de sus compromisos inversores en la provincia”, me recuerda la realidad de cada nuevo proyecto de presupuestos y, sin embargo, le ponemos poca atención al dato. Sí, sólo analizamos el futuro presupuesto y omitimos lo principal: lo ¡no ejecutado!, que es la mayoría del dinero. Sólo hablamos de las cuantías respecto a lo presupuestado el año anterior o al anterior del anterior… y cómo queda o está el estado de las infraestructuras de las que llevamos hablando, en muchos casos, décadas y, vaya, no están presupuestadas. Estarán conmigo en que, en el análisis de las cantidades presupuestarias, jamás llueve ni lloverá a gusto de todos y cada cual argumenta arrimando el ascua a su sardina. Siempre son bastantes más las ocasiones en las que se debaten los presupuestos comparativamente, ya sea respecto a los de  años anteriores, con otros territorios, per cápita, etc., y se omite el grado de ejecución; cuando éste, si llegara al 100% –o próximo a él-, nos daríamos de bruces, ya que sería la mayor inversión presupuestaria realizada, al menos desde que yo tengo uso de razón, que ya es decir. Coincidiremos que una ejecución del 37% es una cifra altamente ineficiente.

Observen sino, al leer la página 3 de La Región del mismo día, bajo el titular “La sociedad ourensana opina”, en donde las siete personas opinantes –de distintas tendencias políticas e intereses- ninguna hace mención alguna al grado de ejecución presupuestaria; cuando si se llegara a ejecutar, aunque fuera sólo próximo al 100%, sería el mayor aumento presupuestario nunca conseguido. Opinan, sin embargo: “Si son decepcionantes…, si son lesivos…, aspiramos a moito máis…, debe haber presión social…, discriminación con Ourense…, no se refleja inversión para nuevos tramos…, valoramos o contido social…”. Con lo entendible que sería opinar: serán buenos, malos o regulares teniendo en cuenta los objetivos a alcanzar si el Gobierno fuera capaz de hacer una gestión eficaz y eficiente, consiguiendo que esas cantidades presupuestadas fueran ejecutadas. ¿Cuántas infraestructuras y servicios se habrían borrado de nuestras reivindicaciones, porque ya serían realidad, si no estuviésemos añorando ese 63% no ejecutado de presupuestos anteriores?

Bien es verdad que existe otra realidad, la política pura y dura, la política del día a día, en la política presupuestaria: una vez acabado el año presupuestario, o iniciado el trámite presupuestario para presentar unos nuevos, sólo vemos las necesidades inmediatas y cuánto dispondremos para hacerles frente; y, claro, lamentándonos de lo no ejecutado no resolvemos el futuro inmediato. O sea, como diría mi idolatrado Neme, Dios nos libre de un “xa foi”.  Y, entonces, pasamos a analizar ese futuro inmediato y opinamos; comparando las cantidades para las necesidades, bajo la lupa de las cifras previas y nuestra circunscripción con la del vecino o con la del adversario ideológico, para hacer un estado de opinión y un argumentario comparativo y a conveniencia. Lo hicimos todos y temo se continuará con la misma tendencia.

Pero, hete aquí que, en esta ocasión, al momento de comenzar a realizar la primeras interpretaciones argumentales de lo que van a ser los presupuestos para Ourense que, por cierto, tenemos motivo para mucha crítica, dado el descenso en las cantidades con respecto a los objetivos previstos y no cumplidos, a las cifras precedentes, lo no ejecutado, pues nos encontramos con ese encanto del conquistador, por el que al preguntar el motivo de unos euros tan bajos en cifras, la contestación es: que priorizan en aquello que lleva mucho tiempo en candelero y no se atendía, o que garantizan una determinada necesidad, o que aunque siendo menor la cantidad presupuestaria global, sin embargo, van a ese objetivo tan deseable como esperable, o que prima tal o cual infraestructura… Una manera de dar rienda suelta con lo que se va a cumplir. Vaya como ejemplo a lo dicho que, cuando el PP lamenta que los presupuestos representan la menor inversión en 15 años, el PSOE los califica como los más sociales de la historia. Quien no se consuela es porque no quiere. 
Es por ello que mi propuesta analítica será la de que un vez acabado el año o años presupuestarios –como ocurre en esta ocasión al estar prorrogados los presupuestos- se analice políticamente y se opine sobre el grado de ejecución presupuestaria y los objetivos alcanzados. Y no esperar a que cada otoño, y hasta aprobar las cifras, estemos hablando de lo que nos dan, dejaron de dar, de lo que nos corresponde, y casi nada decimos de lo que nos birlaron –y lo llevaron para vaya usted a saber- porque no lo ejecutaron. Ya que, al final, sobre todo para Galicia y Ourense, aparte que nos mandan menos, aún menos ejecutan. Doble desprecio. Ahí está el quid.  Se le suma al apetito insatisfecho el hambre pasada.