Opinión

El individuo, la sociedad y la Nación: objetivos del Estado

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El individuo, la sociedad y la Nación: objetivos del Estado

La tendencia natural de todo Estado es la de la dominación. Es el primer monopolio de una Nación. Ostenta el monopolio del poder político, de la justicia, la violencia y, en general, de lo que se puede y no se pude hacer. Su hegemonía sobre el individuo es universal y permite que afloren, bajo su dominio, otra serie de sub monopolios, que se esmera en fomentar para que su poder se ejerza mucho más cerca de los individuos, en sus casas, sobre el terreno, cuando encienden la luz, entran en los bancos o se sitúan frente al televisor.

Ourense está hoy cerrada. Junto con Barbadás, sus habitantes no pueden desplazarse fuera de su municipio y no podrán acompañarse por nadie con quien no convivan. Entre otras, éstas han sido las nuevas restricciones con las que la administración autonómica pretende frenar los contagios pandémicos. En mayor o menor medida, el 80% de la población ourensana tiene limitadas sus libertades. Estamos pues, a un paso del confinamiento absoluto, aquél que después de la declaración del estado de alarma decretó el Gobierno central allá por mediados del pasado mes de marzo y que sometió a la ciudadanía a la mayor restricción de derechos que se recuerdan en democracia. Hubo que allanarse a la fuerza impositiva del Estado y soportar con obediencia que la gestión del equipo de Sánchez hubiera sido un monumental desastre, propio de un gobernante incapaz, raquítico e irresponsable. Ante la improvisación, la falta de gestión y la eficiencia, el confinamiento, es decir, que el esfuerzo lo haga el ciudadano, como cuando éste es obligado a financiar, vía subidas de impuestos, su hipertrofiado Estado con el que intenta subyugarnos. Para ese viaje, no necesitábamos alforjas.

De todos son conocidos los elementos diferenciadores que hacen que la situación de Madrid sea la que es. Centro neurálgico del país, gran densidad de población, habitantes que se mueven masivamente en medios de transporte públicos, horarios comerciales ilimitados, gran actividad de su aeropuerto…, todos ellos elementos que hacen de Madrid una realidad singularmente compleja ante el covid. Y más ahora, que las decisiones de los gobiernos colisionan con las decisiones de los jueces. Pero ¿Ourense? ¿Qué tiene Ourense de singularidad frente, por ejemplo, a Vigo. ¿Qué características únicas tiene la ciudad con respecto a Lugo? ¿Por qué entonces presenta tan altas de contagio? Si sustraemos de la ecuación su singularidad, el foco se centra con fuerza a la manera en la se han implementado las medidas sanitarias en esta ciudad. Sabemos que el número de rastreadores ha sido raquítico y han llegado tarde, nos llegan innumerables testimonios de la poca diligencia en la realización de los test, fuimos testigos de la tardanza con la que se han hospitalizado los contagiados que lo necesitaban… ¿Nos toca ahora arreglar lo que no han resuelto a nivel médico quienes nos gobiernan? No nos queda mucha más paciencia. Ampararse en el cierre de una ciudad por el hecho de que lo recomiende un comité sanitario es cobijar la propia incompetencia tras un apócrifo dictamen para no tomar ninguna decisión. Se espera de un político competente que sepa modular los criterios técnicos y adapte sus decisiones con criterios sensatos, juiciosos, que no destruyan la economía de ningún territorio y lleve a la ruina a sus ciudadanos. Eso, sí sería gobernar con responsabilidad y cordura.

De nuevo dirán que la salud es lo primero ¡faltaría más!, pero nunca reconocerán su clamorosa falta de gestión que desagua en restricciones y confinamientos. Insistirán en servirse del miedo para afianzar la mansedumbre de un pueblo que volverá a aceptar voluntariamente el hecho de ser dominado bajo el paraguas de la seguridad del Estado; militarista, religioso, de bienestar, … qué demonios da. De su dominio y la sumisión pública dependerá su subsistencia.