Opinión

Los pecados de Pfizer

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Los pecados de Pfizer

Si la pena por el delito del odio se extendiera a lo que no son personas, muchos tendrían que estar bajo rejas por no poder controlar este impulso que tantos problemas ha provocado en el mundo sin que, por cierto, haya ayudado a solucionar ninguno. Pablo Echenique, amparado en su condición de portavoz podemita en el Congreso, acostumbra a acusar de “odio” a todo aquel quien se atreva a disentir o tan solo debatir los postulados del pensamiento único y dictadura moral imperante en España. Para él, la democracia acaba en Podemos, pero él también odia. Odia de tal manera todo lo que suene a privado que, incluso cuando resulta incontestable que lo privado funciona, la retórica propagandística intenta convencernos justamente de lo contrario. 

Dos son los pecados que rodean a Pfizer. El primero consiste en haber a anunciado que los resultados intermedios del estudio de la vacuna contra el Covid han mostrado un 90% de eficacia. Y el segundo, ser una empresa privada. No se sabe de momento si la vacuna anunciada vaya a ser el arma que definitivamente nos proteja de la pandemia que arrasa el planeta. Es una noticia esperanzadora, aunque todavía es muy pronto para que ésta o cualquier otra iniciativa que esté esperando aprobación puedan distribuirse con todas las garantías necesarias. Pero en un tweet al respecto de hace unos días (“Cuando hayamos vencido al virus, no olvidemos que nos salvó la responsabilidad individual, la sanidad pública y universal y la ciencia... mientras la (ultra)derecha pedía privilegios fiscales, recortes y libertad para contagiar”), Echenique se apresuraba a enterrar la iniciativa privada Pfizer con el manido mantra de la sanidad pública. Una cosa es reconocer la universalidad y validez del sistema público de salud y otra cosa es negarse en redondo a reconocer sus debilidades, excesos y deficiencias, así como su condición impositiva, cuando impide la libertad de las personas a la elección de un sistema sanitario integral privado, si es que así lo eligieran.

Quizá haya influido en las declaraciones del portavoz Echenique, las manifestaciones previas del CEO (gran jefe) de la multinacional con relación a la renuncia a haber recibido dinero público para la investigación de la vacuna y librarse así de cualquier carga burocrática. "Cuando recibes dinero de alguien, siempre viene con cadenas. Quieren ver cómo vamos a progresar, qué tipo de movimientos vas a hacer. Quieren informes. No quería tener nada de eso" “… “tuvimos los resultados mucho más rápido que si no estuviéramos libres de cargas. Y cada día cuesta 1.000 vidas solo en Estados Unidos". No se trata pues de odiar la sanidad púbica sino de reconocer sus deficiencias y, a la vez, aceptar las ventajas de la iniciativa privada.