Opinión

La camiseta

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La camiseta

Según parece la FIFA ha pedido a las cámaras del Mundial que dejen de centrar sus imágenes en mujeres guapas en las retransmisiones televisivas. Ignoro si los mandamases de la FIFA son imbéciles aunque siempre sospeché que sí. Su recomendación podría haber sido esta otra pues sería lo mismo: centren sus imágenes en mujeres feas. Los señores, porque son todos señores, de la FIFA, no parecen darse cuenta de la contradicción esencial e incluso diría que esencialmente machista que encierra su sugerencia. Esa primera idea "no centren sus imágenes en mujeres guapas", sería la misma que "centren sus imágenes en mujeres feas". No hace falta ser muy listo para darse cuenta, y yo no soy Sócrates precisamente.

 Por otra parte Netflix ha prohibido las miradas de más de cinco segundos entre sus empleados, actores, eléctricos, cámaras, operarios, comerciales, etc. Parece ser que una mirada sostenida de más de cinco segundos a partir de ahora pasa a considerarse acoso dentro de esa empresa americana que hace tantas series de televisión estupendas.

 Por aquí Podemos, nuestros personales y caseros (de andar por casa quiero decir) guardianes de la corrección social, de genéro y política, en un alarde de modernidad han hablado incluso de prohibir el piropo. Como los señores de la FIFA los de Podemos parecen no distinguir que un piropo es un bonito halago y otra cosa muy distinta es un insulto. No sé si se han leído el diccionario. El diccionario lo explica. Piropo: "Dicho breve con el que se pondera alguna cualidad de alguien, especialmente de una mujer".

 El otro día, paseando a mi chihuahua Atticus por Ourense tranquilamente, en la calle Santo Domingo me crucé con una chica jovencita, guapa, que llevaba una camiseta ceñida con una frase impresa en inglés. La frase era larga, como diez o doce palabras. Y las letras no eran grandes. Intenté leerla pero no me dio tiempo. Nos cruzamos demasiado rápido. Desde entonces no puedo conciliar el sueño. Tengo miedo. Seguro que estoy grabado en alguna cámara de seguridad de los alrededores. Me han pillado. Vale, lo confieso, estudié el pecho y abdomen de aquella chavala durante más de diez o quince segundos seguidos lo que incluyó además de alguna mirada larga, varias intermitentes (entiendan ustedes que a la vez tenía que atender a mi perrro), y aun así no pude leer aquella frase. ¡Maldita sea! No me dio tiempo. Me gustaría saber qué demonios decía. Pero soy consciente, eso sí, de que cometí un delito gravísimo, terrible, imperdonable. Mea culpa.

 Espero que lo siguiente sea meter en la cárcel cuanto antes a Giorgio Armani, Dolce & Gabbana, Paco Rabanne y Jean Paul Gaultier por poner siempre en sus anuncios de perfumes inopinadamente a unos tíos y tías tan buenos en pelotas. Así cuando me metan también a mi en la cárcel por lo de aquella camiseta, si tengo la suerte de coincidir con ellos al menos tendré al lado a alguien interesante con quien charlar.