Opinión

Mañana iguana

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Mañana iguana

Jair bolsonaro ha dicho que la vacuna de Pfizer podría convertir a las personas en cocodrilos

Personajes ilustres del mundo.

El actual presidente del Brasil, un señor que se llama a sí mismo Jair Bolsonaro y del que sabemos poco pero lo suficiente, ha dicho que la vacuna de Pfizer podría convertir a las personas en cocodrilos. 

¡Uau! Sorprende dicha afirmación en alguien que cuando se mira en el espejo por las mañanas no se da cuenta de que tiene enfrente a un saurio reptiliano de la familia de los Cocodriliae. Pero claro, el Brasil, un lugar que casi pertenece a una fantasía loca salida de la pluma desquiciada de Gabriel García Márquez o alguien parecido, produce este tipo de monstruos de pesadilla. Unos monstruos lógicos en "Jurassic Park" de Spielberg, o en aquella famosa serie de televisión de los setenta que se llamaba "V". No sé si la recuerdan, trataba sobre unos alienígenas que invadían la Tierra y se disfrazaban de nosotros pero en realidad eran reptiles que a escondidas devoraban animales vivos, preferentemente ratas.

A mí los cocodrilos me caen bastante bien. Nunca me ha atacado ninguno que yo sepa, claro que tampoco me he puesto a tiro. Lo del tiro lo digo porque el señor Jair es un exmilitar y últimamente empezamos a estar de exmilitares hasta las narices. 

Bueno, confieso que una vez me dio un coletazo una iguana gigante en Cancún (México) pero ella no lo hizo a propósito, fue sin querer, solo estaba huyendo de mí.

Vuelvo a lo de antes. Las narices, o los morros por decirlo más coloquialmente, de los cocodrilos son enormes ¿se han fijado ustedes? Ni siquiera "Alf" aquel personaje de la tele tan simpático que también había venido de otra galaxia, tenía un morro así. Y eso que Alf tenía un morro de caray. Por cierto que aquel extraterrestre también devoraba o deseaba devorar animales vivos, en concreto gatos. Lo que le pasaba es que nunca conseguía atrapar ninguno. Y es que Alf en el fondo era un bendito de dios, y por eso lo queríamos.

Mi abuelo, un hombre que había emigrado al Brasil siendo un niño de solo trece años, nos contaba a los nietos unas historias delirantes y supongo que la mayoría inventadas. Como la de una vez que se batió a muerte con una anaconda que quería devorarlo, o aquella otra de una tribu de indígenas del Mato Grosso que estuvieron a punto de cocinarlo en una marmita, pero al final se hicieron amigos gracias a las dotes de mi abuelo para la oratoria (?). Alucino. El Brasil es así: un lugar de fantasía.

A Mr. Jair no lo quiere nadie salvo sus votantes. Le pasa como a Mr. Donald (no el pato), a Boris Johnson, a Salvini y a otros personajes ilustres que andan por aquí últimamente, dándoselas no se sabe bien de qué.

Bueno, acabo. Como mis lectores ya saben que me gusta mucho el jazz me despido así: "See yo later, alligator", o bien "Mañana iguana", ¿qué más dará?

Gracias a todos.