Opinión

La buena gente

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La buena gente

Hay noches en las que abres el catre arropado por un gesto o un puñado de palabras que animan a creer que una sociedad más justa y un mundo decente no acabará siendo un sueño sin costuras. Pablo Carreño acababa de malgastar una  ventaja de dos sets a cero contra Alexander Zverev en las semifinales del US Open de tenis en la madrugada del sábado, pero un mensaje enviado un par de horas antes por Antonio Grandío Dopico, doctor en Ciencias Económicas y Empresariales y catedrático de la Escuela de Estudios Empresariales de la Universidade da Coruña, continuaba imponiéndose al interés por un resultado deportivo. La conviviente alucinó al comprobar que a altas horas de la madrugada el chófer de anécdotas estaba repasando una conversación de WhatsApp cuando ella creía que intentaba descifrar las claves del revolcón al marcador que había dado el tenista alemán frente al asturiano.

"Convendría realizar un donativo al Banco de Alimentos, básicamente de leche entera, galletas y conservas para hacer frente a las necesidades acuciantes de muchos niños. Es el momento de abrir la cartera queridos Colmeiros", rezaba el texto. Como el profesor Grandío es miembro del Grupo de Análisis y Debate Colmeiro, que coordina el Catedrático de Hacienda Publica de la UDC Luis Caramés y que reúne a economistas, sociólogos y politólogos para proponer soluciones a los problemas de la tierra, la primera impresión fue que se trataba de un error en el destinatario. "El mensaje es para muchos. No tienen leche los niños y esto es un desastre. Ellos no tienen la culpa de nuestra ignorancia. Entre muy pocos, con poco, resolvemos el problema. Esto es la sociedad civil, amigo", contestó Antonio Grandío al advertirle de la posible equivocación. 

Un reportaje de David Babarro en La Región advertía ayer de que el Banco de Alimentos de Ourense encara su semestre más complicado, ya que "el desabastecimiento y la falta de voluntarios dificulta cubrir la creciente demanda de la entidad". Como indicaba Antonio Grandío –que sabrá disculpar la indiscreción–, el mensaje tiene que llegar a muchos porque hay gente buena de la sociedad civil dispuesta a alimentar los sueños de los niños necesitados.