Opinión

Una relación satisfactoria

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Una relación satisfactoria

El vecino de Podemos entró en el ascensor con careto de amargura. Y cuando su colega cotilla bromeó con la suerte de la sesión de investidura que dejó a Pedro Sánchez en funciones y a Pablo Iglesias con escasas posibilidades de que Irene Montero asalte la vicepresidencia o alguien de Podemos consiga atribuciones en un futuro Gobierno, si es que no se repiten las elecciones, el hombre confesó que el origen de su insomnio no obedece al vuelo rasante de la política actual, sino a un malentendido conyugal por una relación satisfactoria. 

Los cuatro vecinos que el azar reunió en el ascensor intentaron disimular ante una sinceridad que no se había solicitado, pero él insistió en aclarar su "problema del copón". Resulta que su mujer lo sorprendió el martes proclamando con entusiasmo a alguien que estaba al otro lado de la línea telefónica que había quedado muy satisfecho con el servicio recibido el día antes. Y como es la tercera ocasión que lo caza con una conversación parecida, no se cree que el destinatario de la consideración sea el servicio de atención al cliente del concesionario en el que compró el coche. "Me llamaron dos veces con la revisión de niveles a los 3.000 kilómetros, otras dos veces tuve que contestar con la revisión de los 15.000, además de cubrir una encuesta que me enviaron al correo electrónico, y a los 30.000 kilómetros se ha repetido la cantinela. Yo tenía la intención de cambiar de coche, pero acabé atado a una relación tan satisfactoria como pesada", abundó en los detalles en el rellano. "Pues que no acabe en pesadilla", le soltó el colega cotilla mientras salía disparado a contárselo a alguien.

El amartelamiento guadianesco entre el PSOE y Podemos va camino de terminar en odio indisumulado, situación más salvable que la indiferencia, aunque lo más probable es que los electores acaben mandando a paseo a unos y a otros independientemente del reparto de culpas. Carmen Calvo, esa vicepresidenta que ha sido pillada en más renuncios sobre las negociaciones que Griezmann sobre su contrato, ha cerrado la puerta a un Gobierno de coalición y apuesta por otras vías. A Feijóo esa nota, con algún matiz, no le sonaba tan mal el jueves, según dijo en una entrevista en la Ser. A Galicia le toca bailar el próximo año.