ENTROIDO XINZO 2018

Cuando resulta imposible salir sin embadurnarse

Imposible salir indemne de la plaza Mayor de Xinzo si es que el personal se presenta con el atuendo más propio de misa que de la tarde del "fareleiro". El pertadazo del sábado abrió la locura local de todo un mes de Entroido.

Cuando resulta imposible salir sin embadurnarse

Debería haber tomado buena nota de los compañeros gráficos de varios de los medios de comunicación audiovisuales que ayer también se dieron cita en la plaza Mayor de Xinzo. Todos ellos, quizás por experiencias vividas en ediciones anteriores, iban provistos de oportunos chubasqueros, gafas de buceo y algún que otro plástico protector tanto para sus alcachofas -léase micrófonos- como para las cámaras de sus compañeros los reporteros gráficos. Sin embargo, decidí apostar por la bonhomía de los convecinos limianos, incapaces de adivinar, por mi aspecto, mi condición de verinense infiltrado en un Entroido aparentemente rival de los excesos del del Támega. Todo transcurría con normalidad: aquellos que habían decidido pasar toda la tarde embadurnados de harina, lo estaban consiguiendo. 

De poco le valía el necesario plástico protector, los forros polares, gafas de sol o gorros varios. En la plaza Mayor, la espita de lo locura se había apoderado de todas las almas y el color reinante no era otro que el del blanco roto de la harina, a todas luces de oferta en los principales establecimientos de ultramarinos de la localidad. Esos mismos supermercados deberían revisar sus cámaras de grabación continuada, porque seguro que en los últimos días han visto desaparecer algunos de sus vehículos especiales de transporte específico de la derivada del trigo, también conocidos como carros de la compra. Insisto en el relato y en el respeto que la mayoría de los participantes en ese fervor harinero estaba mostrando por quien suscribe y por alguna que otra reportera de capa roja que, osada ella, se había dispuesto también a profundizar en la fiesta. 

Pero, como todo en la vida, la realidad puede cambiar en un instante. El mismo en el que Milagros, joven morena bien parecida y embadurnada hasta el tuétano, decidió, sin consultarlo con el respetable y mucho menos requerir autorización pertinente, consumir más de medio kilo de harina integral disponible sobre mi cogote y espalda. Abierta la veda, con un tinte blanquecino muy diferente al azul impoluto original, un carro cargado de harina empujado por un avieso limiano desconocido acabó por convertir a quien suscribe en una verdadera croqueta andante, como la mayoría de los que allí se dieron cita. La explicación, vista la cara desencajada por el aspecto y la necesidad de acudir de esa guisa al curro para contarlo, me la dio Darío Traveso, oriundo de la tierra pero con varias décadas de residencia en Venezuela y con un aspecto original al que quien suscribe presentaba poco antes de las cinco de la tarde de ayer: "Al fin y al cabo, nos la hemos buscado por presentarnos así". 

SONORO PETARDAZO

Aunque el sonoro y concurrido pertardazo de la noche del sábado al domingo marcó el inicio oficial del Entroido en la localidad que presume de tener el más largo de toda la península y más allá, nadie discute que la verdadera traca la protagonizaron ayer el millar de jóvenes que durante más de tres horas dieron rienda suelta a sus ansias de colorear el planeta, sus habitantes y el suelo de la plaza Mayor de la capital antelana, de blanco.