DEPORTE

El dopaje aficionado (II): más cutre y tan peligroso

Tanto si analizamos en profundidad esta posibilidad, como cualquier otra, no existe ninguna razón para que un deportista aficionado que disfruta con su actividad ingiera productos dopantes

Un deportista pinchando una sustancia en su cuádriceps.
Un deportista pinchando una sustancia en su cuádriceps.
El dopaje aficionado (II): más cutre y tan peligroso

La semana pasada escribimos sobre las diferencias entre el dopaje de elite y el dopaje aficionado. Llama la atención el segundo, porque, en la inmensa mayoría de los casos, no está en riesgo el pan de la familia, ni una beca estatal, ni cuatro años de entrenamiento y presión máximas. A excepción de las pruebas de acceso a alguna oposición, donde muchos entienden que se juegan el futuro y, erróneamente, no existe un mañana.  

Tanto si analizamos en profundidad esta posibilidad, como cualquier otra, no existe ninguna razón para que un deportista aficionado que disfruta con su actividad ingiera productos dopantes. Ninguna razón física, moral, económica, médica o social. Y quien la encuentre, tiene un serio problema.  
 
Conocer los límites

Quien practica deporte por afición lo hace porque, entre otras razones, se divierte, se siente pleno, le aporta beneficios y le relaciona con otras personas.

Puede suceder que, los buenos resultados o su facilidad para el desempeño, le animen a seguir prosperando.  ¡Enhorabuena! Existen inmensas posibilidades de entrenamientos, de nutrición y preparación mental, de material para mejorar -seguro- su estado presente. Acompáñese de un entrenador profesional, buenos compañeros y su felicidad será eterna. 

Peligoros, caro e ineficaz

Los problemas comienzan cuando el aficionado sufre la fiebre competitiva. O se marca unos objetivos tan exigentes como inadecuados. Cuando elije un  rápido atajo para saltarse el camino, embaucado por charlatanes iletrados o imágenes idealizadas.

Entonces comienza el consumo de productos de dudosa procedencia, de dudosa eficacia científica -efecto placebo- y de peligrosas consecuencias para la salud y el bolsillo. Lo que antes era coto exclusivo de fisioculturistas y ciclistas, hoy es campo abierto para corredores, nadadores, tenistas, clubes, opositores, atletas paralímpicos, animales, etc...

Los profesionales están dirigidos por especialistas ¿Quién dirige a los aficionados? Internet, “expertos” sin escrúpulos, colegas de gimnasio y ese toque personal de cada cual. Garantía de seriedad, eficacia y un gravísimo problema de salud en nuestro país.