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“It”, envoltorio retro

Una doble adaptación de la novela de King no se refugia en el exceso

“It”, envoltorio retro

Andrés Muschietti firma con “IT” una fiel adaptación de la primera mitad de la archiconocida novela de Stephen King. Un filme eficaz, más entretenido que aterrador y que cuenta con buenos personajes, un buen puñado de sustos y la inevitable dosis de nostalgia. Un placentero envoltorio retro en el que, afortunadamente, no se refugia en exceso.

No, la sobredosis de nostalgia no es el pecado de “IT”. El gran déficit del notable filme de Muschetti es el desequilibrio existente entre el moderado impacto que sobre el patio de butacas consigue el malvado ente y el carismático golpe que asestan los Perdedores en su progresiva puesta en escena. Billy, Beverly, Richie y compañía son sencillamente geniales.

El payaso, interpretado por un totalmente entregado Bill Skarsgard, cumple, pero no llega ni de lejos a ser tan aterrador como simpáticos y divertidos son los jóvenes protagonistas. Ellos, un puñado de víctimas del bullying que se cansaron de serlo, son la energía que mueve esta fantástica aventura.

Sus miedos cotidianos son lo que alimenta a Pennywise y también lo que mueve los pasajes más interesantes de la película. Esos traumas y angustias juveniles que día tras día los atormentan en un entorno que los sobreprotege, los ignora o, en el peor de los casos abusa de ellos, son el núcleo esencial de “IT”.

Son los miedos reales, los que acechan en la superficie y a plena luz del día y no en la oscuridad de las alcantarillas, los que los Perdedores deben superar en soledad para después, y apoyándose ya unos en otros, dar un vuelco a su sobrenombre de guerra y salir vencedores en su lucha contra un mal ancestral personificado en el infame payaso.