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Un vino de finca con historia y un gran porvenir

La bodega Quinta das Tapias cuenta con 70 hectáreas de viñedo repartidas en más de 130 fincas y un catálogo de vinos que explora el ensamblaje de variedades y de uvas

Un vino de finca con historia y un gran porvenir

Monterrei no está este ao para echar cohetes por su vendimia de 2017. Las heladas tardías de la primavera anterior dejaron muy mermada la producción de la denominación de origen más joven de Galicia. Sin embargo, la calidad no se ha visto menguada por la adversidad meteorológica. Menos cosecha pero de una calidad excelente. 

En esta línea se encuentra la bodega Quinta das Tapias, 70 hectáreas de viñedo repartidas en más de 130 fincas y un catálogo de vinos que explora el ensamblaje de variedades y también el de uvas procedentes de distintas fincas con características diferentes de suelo, orientación, altura, etcétera que le aportan matices adicionales.

Tres son las líneas en las que se organiza su catálogo de vinos y de ellas, Quinta das Tapias representa el nivel más selecto, pues se trata de un conjunto de vinos blancos y tintos de finca, en los que se realiza una cuidada selección de los racimos antes de iniciar la vinificación.

La Quinta das Tapias es la finca principal, una parcela histórica que acogió el vivero desde el que se procedió a la replantación de cepas en Galicia tras la devastación producida por la filoxera, la gran plaga que asoló al final del siglo XIX los viñedos de prácticamente toda Europa.

Es una finca con una ligera pendiente, orientada al Sur, vigilada desde su promontorio por el Castillo de Monterrei,  que la protege de los vientos fríos del Norte. Este es el escenario en el que crecen los racimos de la Mencía con la que se elabora el vino que protagoniza nuestra sección de hoy. Un monovarietal en el que se procede a una maceración tradicional y en frío de las pastas durante su fermentación, con microoxigenación.

Tras la fermentación, el vino pasa a barricas de 300 litros de roble francés y americano en las que permanece durante tres meses. Le sigue un reposo de 6 meses en botella antes de salir al mercado. 

Es un vino que mantiene los rasgos frutales y sabrosos de la Mencía, pero al que esa leve crianza le ha aportado un punto adicional de estructura que mejora su equilibrio en boca y un muy sutil matiz de madera que se integra en los aromas frutales que le confieren su personalidad al Mencía.