PAPELES DEL ROCK

¿Intenta matar el holograma a las estrellas de rock?

No son pocos lo que se han apuntado a la nueva moda del “concierto-holograma”

Ronnie James Dio, protagonista en holograma de un concierto en 2016, en el festival de Wacken.
Ronnie James Dio, protagonista en holograma de un concierto en 2016, en el festival de Wacken.
¿Intenta matar el holograma a las estrellas de rock?

Sí, lo sé. Asumo la crítica.Volver a darle una vuelta de tuerca al famoso título de aquel celebrado clásico de The Buggles de comienzos de los 80 sobre la muerte de la radio a manos del video es tan recurrente como manoseado, aunque quizá en esta vez creo que pudiera tener sentido, en tanto que si se empezara a generalizar determinada tendencia que parece encontrar cierto eco en el mundo del rock, entiendo que estaríamos muy cerca no de matar al rock -ello es materialmente imposible, a pesar de que muchos agoreros, critiquillos con complejo de Peter Pan y mediocres de diverso pelaje lo llevan intentando décadas desde sus trincheras inundadas de envidia y repletas de telarañas- pero sí de devaluar su atractivo, desnaturalizarlo y convertirlo en un simulacro de espectáculo de semi-realidad virtual que perdería gran parte de su esencia. 

La tendencia, que confío en que no llegue a consolidarse como tal, es la que al menos se ha inicado en el mundo del Heavy Metal al hilo del profundo pesar que dejó en sus fans la muerte de uno de los cantantes más carismáticos del género, Ronnie James Dio, a la sazón una de las personalidades más unánimemente admiradas por todo el mundo del rock duro, desde músicos a periodistas pasando por promotores y managers. Y no solo por su incuestionable labor en bandas de la categoría de Rainbow o Black Sabbath, sino por su inmensa carrera en solitario, en el transcurso de la cual tuvo como uno de sus principales hitos la puesta en marcha en 1986 de la iniciativa solidaria más reconocida que ha tenido lugar en la historia del rock duro, el álbum colectivo 'Stars', cuya recaudación se destinó íntegramente al socorro y la ayuda alimentaria contra la devastadora hambruna que se produjo en Etiopía a mediados de los años 80 y que fue el origen del mítico festival Live Aid o del famoso single “We Are The World” en el que participaron entre otros Bruce Springsteen y Bob Dylan. 'Stars' vino a ser la poco conocida pero muy efectiva réplica del mundo del Heavy Metal a esas iniciativas, de la cual su líder y principal impulsor fue Ronnie James Dio. 

Pues bien, recientemente determinados músicos que formaron parte de las diferentes bandas que Dio lideró, con el apoyo de su viuda, decidieron organizar un espectáculo en el cual parte del concierto de tributo a Dio que estas bandas estaban llevando a cabo contarían con un holograma fabricado a partir de las imágenes de Dio que se conservan en centenares de videos y DVD y en el que la magia de la ingeniería informática haría aparecer, como si estuviera allí en carne y hueso al propio cantante, con su voz y su imagen como si aún viviera y se encontrase cantando allí mismo. 

Como idea más o menos original y/o como experimento inspirado en el respeto, la admiración y el anhelo de hacer un tributo sincero a Ronnie James Dio, la idea de hacerlo una sola vez en el marco de una gran festival, como sucedió en el famoso festival alemán de Wacken, no me pareció mal. Lo que ya me pareció tan absurdo como incomprensible es que este grupo, con el beneplácito de su viuda y heredera, se lanzasen a hacer giras mundiales paseando el holograma de Dio, y peor todavía, que encima mucha gente que es incapaz de tener la más mínima curiosidad por acercarse a un club de barrio y pagar una misérrima entrada por conocer que es lo que está haciendo la gente joven de su ciudad, fuese capaz de pagar por ver, más o menos de manera realista, un holograma. 

Como la treta parece haber funcionado, al menos a través del efecto curiosidad/sorpresa de la novedad, ahora no son pocos lo que se han apuntado a la potencial nueva moda del “concierto-holograma”. Mencionaré dos casos que me han llamado especialmente la atención por lo bochornosos que personalmente me han parecido, y que desde luego entiendo que dicen muy poco del respeto de estos músicos por sus fans y de su amor a la música. 

Recientemente acapararon todos los focos de la actualidad Metallica con motivo de sus visitas a Madrid y Barcelona, a los que vaya por delante, quiero reconocer y aplaudir las donaciones solidarias que hicieron en nuestro país a colectivos en defensa de los más necesitados, pero cuyo batería y reconocido líder, Lars Ulrich, llegó a declarar recientemente, y refiriéndose concretamente a Metallica, su grupo, que “con la tecnología actual, ya no es necesaria la presencia física de los músicos en el escenario. Es perfectamente posible recrear a través de hologramas la atmósfera real de un concierto en vivo”. 

¿Cómo se les queda el cuerpo a ustedes? A quien suscribe estas lineas, les confieso que muy mal. Es decir, al menos en el mundo del rock, lo que siempre ha sido para todo músico, famoso o no, triunfante o fracasado, tocando ante diez borrachos en un club de mala muerte o ante 70.000 personas en un gran estadio, la emoción de tocar en vivo, de sentir cerca el calor del público, de comunicar sus canciones... ¿ahora se puede sustituir por hologramas? 

Otro ejemplo que, perdóneseme el madrileñismo, voy a usar parafraseando a un castizo es “pa' mear y no echar gota”. Phil Anselmo, polémico y controvertido cantante que fuera en su día el líder de Pantera, banda que revolucionó por completo el concepto de Heavy Metal en los años 80 y que desapareció se dice que en gran parte porque él mismo la rompió, aseguró recientemente que estaría dispuesto a volver a hacer giras con Pantera si se usara un holograma de su guitarrista Dimebag Darrell, fallecido trágicamente en diciembre de 2004 asesinado a tiros por un enfermo mental. 

Phil Anselmo se negó por activa y por pasiva mientras Darrell aún vivía a volver con Pantera de ningún modo, e incluso cuando murió y se habló de una posible reunión con la posible incorporación del guitarrista de la banda de Ozzy Osbourne Zakk Wylde, Anselmo se negó en redondo a tal pretensión. Ahora, estaría dispuesto a hacerlo con el holograma de Dimebag Darrell. ¿Cabe mayor falta de respeto a la propia historia de Pantera, del grupo gracias al cual se convirtió en una estrella? Bueno... se puede entender por el razonamiento que me explicó un avezado manager y que es de una contundencia incontestable: Si cobras 20 euros por una entrada, no tienes que repartir nada de esos 20  euros con un holograma.

Hagamos un, al menos para mi, desagradable ejercicio de imaginación calenturienta. Imaginemos que de pronto mañana se anunciase a bombo y platillo que Paul McCartney y Ringo Starr anunciasen el regreso de los Beatles a los escenarios. En esta hipótesis el lugar de los fallecidos George Harrison y John Lennon sería ocupado por sus respectivos hologramas, y McCartney haría el paripé de acercarse al micro del holograma de Lennon para cantar juntos el estribillo de “I Saw Her Standing”. ¿En que lugar del estercolero de la historia quedaría situada a partir de entonces la leyenda del grupo que cambió la historia de la música popular contemporánea? 

En el momento de escribir este artículo, estoy escuchando a Jimi Hendrix. Más concretamente, su disco en directo de la actuación en el Festival de Woodstock 1969. Haciendo una pausa en esta redacción, cierro los ojos, subo el volumen de mis cascos y dejo volar la imaginación. Unido al recuerdo de las imágenes de la maravillosa película que Michael Wadleigh filmó sobre este festival, y dejándome narcotizar por la magia del gran extraterrestre del rock, les aseguro que siento la música con un goce casi infinito. Hagan la prueba y luego cuéntenme si un holograma puede hacer lo mismo.