La Región

MÚSICA

Música indeseable

Hoy, 20 de enero de 1958, se vivió uno de los ejemplos más lamentables y vergonzantes de esa constante lucha entre lo viejo y lo nuevo

La música de Chuck Berry, vetada en la KWK, aumentó los índices de audiencia en su competidora KXOK.
La música de Chuck Berry, vetada en la KWK, aumentó los índices de audiencia en su competidora KXOK.
Música indeseable

Decía el que fuera alcalde del Madrid de los años 80, el profesor Enrique Tierno Galván, que el arte es el mejor reflejo de los cambios que se producen en la evolución de la sociedad. Cuando el arte cambia, es que todo va a cambiar dentro de muy poco tiempo. 

Sin embargo, en ocasiones ese proceso de cambio encuentra dificultades, resistencias e incluso, airadas oposiciones. La eterna historia de lo viejo frente a lo nuevo. Y el rock'n'roll en sus primeros tiempos, también sufrió esa incomprensión; baste recordar las encendidas cartas de protesta de muchos padres y madres de familia por la “escandalosa” actuación de Elvis Presley en el Ed Sullivan Show de la televisión, o los intentos de boicot a los Rolling Stones en sus complicadas primeras incursiones en Estados Unidos. 

Pero tal día como hoy, 20 de enero de 1958, se vivió uno de los ejemplos más lamentables y vergonzantes de esa constante lucha entre lo viejo y lo nuevo. Ese 20 de enero, la dirección de la emisora de radio KWK de San Luis, con su director gerente Robert T. Convey a la cabeza, hizo pública una nota de prensa en la que anunciaron su decisión de eliminar de su programación toda la música rock y todos los discos de rock'n'roll. Y no solamente dejando de programarlos, sino destruyéndolos físicamente; cada diskjockey recibió la orden de dejar sonar cada uno de esos discos durante unos segundos -el tiempo que tardaban en dar lo que llamaron “la vuelta de despedida”- y después romperlos en pedazos. 


Supremacía blanca


¿Motivo de tal decisión? Según los dirigentes de la KWK Radio, el rock era “música indeseable” y estaba adquiriendo una popularidad en todo el país que era necesario yugular por completo.  De hecho, hasta existe constancia documental de esta disparatada actuación: Imágenes de los DJ's rompiendo los discos se muestran en el documental "This Is Elvis", donde un DJ más parecido a un burócrata amargado que a un amante de la buena música anuncia pomposamente: "Rock and Roll Got to Go, y Go It Does Here on KWK" (el rock and roll tiene que irse, y se va de la KWK).  El triste y deprimente episodio de las quemas de libros en la Alemania de Hitler en los años 30, transplantado a América y con los discos de rock. 

Es conocido que tras esta decisión se encontraban fuertes presiones de las organizaciones supremacistas blancas, que identificaban el rock'n'roll, en especial a Chuck Berry, como música de negros. El racismo institucional tenía mucha fuerza en aquella zona del país y en concreto la ciudad de San Luis había sido escenario de otras situaciones similares.

No es casual que cuando se celebraron allí los Juegos Olímpicos de 1904, la ceremonia de inauguración se celebrase en lo que las autoridades llamaron “The Anthropological Day” (El Día Antropológico), con lo que al lado de los atletas y deportistas blancos que desfilaban ante el público, aparecían tras ellos otros deportistas de razas supuestamente inferiores, fundamentalmente negros, que competirían en una suerte de olimpiada paralela sin que sus marcas se registrasen ni contabilizasen como oficiales. Esto provocó que incluso el fundador y presidente del Comité Olímpco Internacional, el Barón de Coubertin se negara a presenciar la inauguración.

Sin embargo, el dinero no entiende de razas. Entre 1963 y 1964, la emisora que era la competencia directa de la KWK, la KXOK, batía records de audiencia y generaba sustanciosos ingresos publicitarios justamente gracias a las muchas horas en las que la “música indeseable” era programada. Por supuesto Chuck Berry, pero Sam Cooke, Otis Redding, Aretha Franklin o Little Richard sonaban a todas horas, y los índices de audiencia se dispararon. KWK levantó la prohibición de la “música indeseable” y empezó a remontar en audiencia, pero sin llegar nunca a alcanzar a su competencia y sumida en diversos problemas legales derivados de acusaciones de amañar concursos, lo cual motivó su pérdida de licencia en 1966. Disfrutó de un exitoso retorno a las ondas en 1969, pero problemas sobre la propiedad de la licencia llevaron a la estación a cerrar definitivamente en 1973. Actualmente ha vuelto a reaparecer, y curiosamente, se hace llamar “KWK Radio -The Rockin'Best!”. Como cambian los tiempos, ¿eh? 


Gigantesca industria


Años más tarde, el rock se convertiría no solamente en el fenómeno de mayor impacto cultural del siglo XX, sino en una gigantesca industria que en la primera mitad de los años 70, hasta la crisis del petróleo de 1973 superó al cine en ganancias en el ámbito de las industrias culturales. Se ha usado en innumerables ocasiones como reclamo publicitario, ha generado toda una estética, unos hábitos de ocio y de consumo sin los cuales no puede entenderse el mundo de hoy y muchos de sus iconos más característicos son anhelados y admirados incluso por presidentes de gobierno. Desde su irrupción y su salto al éxito masivo en los años 80, no ha habido presidente de los Estados Unidos –con la lógica y obvia excepción de Donald Trump- que no haya buscsdo una foto con el líder de U2, Bono. Hasta Bill Clinton usó como himno para su campaña electoral el “Don't Stop” de Fleetwood Mac y aparece en la famosa película de Martin Scorsese ‘Shine A Light’ presentando sobre el escenario a los Rolling Stones. O el princípe Carlos de Inglaterra asistiendo en el N.E.C. de Birmingham al concierto de celebración del 20 aniversario de Status Quo en 1982.

Fue precisamente Mick Jagger quien en enero de 1989, hace añora 30 años, al recibir los Rolling Stones su galardón de ingreso en el Rock'n'Roll Hall Of Fame, pronunció una frase que creo que no puede venir más al caso hoy: “Los americanos son gente divertida y curiosa. Primero les escandalizas, ofendes su moral y su modo de vida y luego te ponen en un museo”. 

Y también, parafraseando a Bob Dylan, en el histórico concierto de los Stones en La Habana, refiriéndose a los tiempos en los que el rock también sufrió la incomprensión y la censura de las autoridades cubanas en los años 60, dijo en su inefable castellano: “Afortunadamente los tiempos están cambiando”. Tenía razón ¿no creen?