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Rivada y Barreira en el claustro del Liceo

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Rivada y Barreira en el claustro del Liceo

La ahijada de Barreira ante la diosa de la Torre de Hércules.
photo_cameraLa ahijada de Barreira ante la diosa de la Torre de Hércules.

Ambos artistas llegan juntos, que no revueltos, a este singular espacio expositivo de la Casa de la Palabra las Artes y la Música que es este antiguo y multisecular “Recreo Orensano”. En la primera planta del gran patio claustral cubierto, tan bifronte desde su estructura del Renacimiento, con sus escudos y cadena, y de la Edad Contemporánea, en su fuente central y vidriera de La Belga, que son antesala con sus pinturas en los muros inferiores y la cubierta, respectivamente, de un mundo tranquilo y reposado para el encuentro con uno mismo desde el diálogo con la Cultura. Un ambiente.  una_de_las_coloristas_obras_de_xose_rivada_resultado

Son Xosé Rivada / Fernando Barreira en “Dúas de dous II”. Ellos conforman el frontispicio actual de la tierra ourensana que riega el Támega, último afluente de enjundia del Duero, el gran río de la Meseta Norte de la península, en el discurrir de sus aguas por el valle hacia Chaves, en Portugal. Allí está Verín, capital comarcal de este feraz espacio de arte y vino, aquí tienen sus ateliers artísticos, donde nació “Dúas de dous I”. Mas el mundo es amplio y sus límites los de las nubes. El de Xosé es la escultura, mayormente, mas en el taller su proceder es priorizar la inspiración. Así desde su “estro armónico”, pues nuestro Vivaldi particular se mueve hacia Vigo desde la villa del convento de la Merced, con el norte en el entorno de la Ribeira Sacra, donde transcurrieron sus primeros juegos desde que vio la luz. Con la escultura de gran tamaño, o pequeño, siempre metálica, este telúrico y recio creador sabe pasar desde esas formas a los de pared con sus celebradas esculto-pinturas. Desde ellas toma los pinceles en sus fuertes manos para plasmar, como aquí, formas coloristas de fuertes empastes, en las que no faltan alusiones a Monterrei y los peces, lo local y lo universal que hay que proteger y defender, tan sensibles ambos a la alteración patrimonial..., mas también añade gaiteiros o flores. Dichosos aquellos que son capaces de entender la lengua de las flores y de las cosas mudas, según Baudelaire.  

Fernando Barreira presenta un elenco variado, en el que son piezas centrales los cuadros con el balneario de Sousas y sus aguas, que aparecen asimismo, aunque saladas, en el entorno de la Torre de Hércules. Tradición era, en acabando la vendimia, ir a tomar allí las aguas, llenándose su surgencia mineromedicinal de agüistas. Mas las obras de Fernando son susceptibles de otra mirada, o más, para descubrir en una segunda lectura un gourmet en un curioso escenario en aquella, y en esta la epifanía de una Afrodita. O los detalles, como el deslumbrante tocado femenino que rivaliza con el Tori masculino, obras que nos remiten al mundo del Japón histórico y tradicional, el del Shogun Tokugawa y las Geishas de vistosos quimonos floreados. La completan otras menos densas, hallándose en una la alusión iconográfica miguelangelesca de la creación del hombre en la bóveda de la capilla Sixtina del Vaticano. Son, Xosé y Fernando, dos vitalistas artistas para una mustia ciudad.