Economía

Tampoco todo el campo es orégano

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Tampoco todo el campo es orégano

Si el 80% de la producción agrícola y ganadera de España se va al exterior, arreglar los problemas del campo exige actuaciones no solo de puertas adentro. Si bien hay dificultades, no cabe generalizar.

Para dar a entender que, en cualquier asunto, no todo es fácil ni ventajoso suele decirse que no todo el monte es orégano; por cierto, una planta aromática empleada como condimento. Estos días que tanto se habla del campo como problema tampoco estaría mal adaptar esa frase proverbial para concluir que no todo es tan malo como se insinúa al generalizar. De entrada, porque en la economía campesina no es lo mismo la agricultura que la ganadería y, por supuesto, no es lo mismo el campo de Galicia que el de Andalucía. Las cosas no siempre son como las imaginamos y, menos aún, como algunos nos quieren hacer creer.

¿Hay problemas –algunos graves– en el campo? Sí. ¿Puede generalizarse? No.  Hay, por ejemplo, sectores con fuerte apoyo como es el caso del olivar en el que se ha ganado mucho dinero, pero donde ahora se observan dificultades, debidas tanto al incremento de la oferta como a restricciones comerciales, por el aumento de los aranceles. Otros sectores como frutas y hortalizas, tradicionalmente rentables, tienen hoy en día problemas de precios por exceso de producción.

En la otra cara de la moneda, sectores como el del porcino son cada vez más rentables, ya que se han disparado las exportaciones a China, a raíz de sufrir este país un foco de peste porcina.

En paralelo con estos y otros muchos casos de productos del campo, el catedrático emérito José María Sumpsi –un antiguo subdirector general de la FAO– aclara que la política agraria comunitaria (PAC) ha beneficiado a muchos sectores de la agricultura española, aunque de nuevo no a todos y con importantes diferencias entre unos productos y otros.

Lo cierto es que la renta agraria española aumentó de forma sostenida en los últimos 15 años, pero sin llegar a equipararse con las rentas no agrarias, de lo cual se deduce que hay margen para que siga creciendo, ya sea por el propio desarrollo del sector o por el aumento de las ayudas públicas.

También en este caso no todo el monte es orégano. En Galicia, sin ir más lejos, ese progreso de la renta agraria es compatible con la existencia de explotaciones de carne y leche que manejan precios de 1987 con costes en euros del año 2020, como denuncia Roberto García, secretario general de Unións Agrarias-UPA.

Hay que saber ver los problemas concretos del campo –para poder solucionarlos– pero tampoco conviene atribuirlos a un supuesto enemigo. Desde el 28 de enero, la fecha en la que se iniciaron las protestas en el campo, se ha hablado mucho, por ejemplo, del papel de los intermediarios y de los supermercados. Algunos políticos que se adentraron en ese tipo de discursos simplistas parece que ignoran que un 80% de la producción agrícola y ganadera de España se va al exterior y que solo un tercio del 20% restante llega a los supermercados. Claro que habrá que ver qué pasa con ese casi 7% de los productos que venden las cadenas de alimentación, pero a sabiendas de que la clave de fondo no está solo ahí.

Parece evidente que las soluciones a los problemas del campo son complejas, que requieren aplicarse en distintos frentes y que eso llevará su tiempo. No habrá soluciones mágicas para la agricultura y la ganadería, donde es necesario trabajar al menos en dos grandes líneas: la organización de las compras y de las ventas, para conseguir mejores contratos y a más largo plazo, y el desarrollo de la agroindustria, que es donde está el valor añadido.

 @J_L_Gomez