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HISTORIA

Dido, la reina que amó y odió

Los amores de Eneas y la reina Dido se hicieron famosos en el mundo antiguo por cuanto unían tres historias enormes: la caída de Troya, el nacimiento de Cartago y la fundación de Roma. 

¿Existió Didó?
¿Existió Didó?
Dido, la reina que amó y odió

Tres leyendas confluyen en torno a Dido: la Guerra de Troya, la fundación de Cartago y el verdadero origen del odio a Roma por los púnicos. Dido  habría sido una princesa fenicia que tuvo que huir de Tiro tras el asesinato de su marido. Acompañada de un pequeño grupo fieles fue buscando un lugar en la costa mediterránea para asentarse hasta que dio con un promontorio en lo que hoy es Túnez, donde fundaría la Ciudad Nueva, que en fenicio-púnico se llama Quart-Hadta, Cartago para los romanos.

Para conseguir quedarse con el terreno, Dido recurrió a un ardid. Pidió a los habitantes de la zona, los libios, que le dejaran un perímetro equivalente al de una piel de toro. El rey local, que quería desposar a Dido, aceptó y la reina decidió curtir y cortar la piel en finas tiras que fue uniendo hasta conseguir una superficie enorme. Allí estaría su ciudad, que sería poderosa.

A continuación llega la segunda leyenda. En este caso la Guerra de Troya y su final, con la huida de Eneas con su padre de la ciudad en llamas. Los romanos se consideraban hasta cierto punto descendientes de los troyanos, así que su poeta más célebre, Virgilio, decidió componer la Eneida, para contar los azares del héroe y justificar dicho origen. ¿No había fundado Roma la pareja de gemelos Rómulo y Remo?

Habría otra explicación. Según ella, Eneas habría conseguido escapar de la Ilión tomada por los griegos de Agamenón y Ulises gracias un túnel y llegar navegando hasta la corte de Dido, a la que enamoró y ante la que él mismo también cayó rendido. El momento álgido de la historia es cuando él mismo cuenta lo ocurrido a instancias de la reina, iniciando la narración con el célebre “Infandum Regina, iubes renovare dolorem”, y relatando con todo detalle la historia del caballo, que Homero apenas apuntó en la “Odisea”. Dido quería ser fiel a la memoria de su marido asesinado y por ello había rechazado la petición de matrimonio del rey libio, pero su voluntad se desmoronaba ante el troyano.

La relación de Dido y Eneas es una obra de Virgilio, una historia que no existía como tal en los relatos mitológicos, y que se convierte en la primera gran historia de amor y desamor de Occidente. Dido pide a Eneas que se quede con ella, pero el héroe tiene que partir hacia Italia, ya que los Dioses le han encargado la fundación de una gran ciudad.

El destino está por encima de cualquier otra cosa y se cumple inexorable. La reina, desconsolada, decide encaramarse a una pira y suicidarse con la espada del troyano. Pero antes lanza una maldición: “Que nunca haya amor ni amistad entre nuestros pueblos”, que sería el motivo del odio entre la Cartago de Dido y la Roma que fundaría Eneas. O más exactamente, sus descendientes…