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De piscinas y otras cosas

El uso irresponsable de las piscinas puede causar diversos traumatismos, alguno de ellos tan grave como lesiones medulares

Con la arribada estival del verano han comenzado a funcionar las piscinas. Ourense debería ser una gran piscina. Agua existe en abundancia para permitirlo. En mi proyecto imaginario de ciudad destacan las fuentes, los árboles en las calles, los parques, los estanques y, por supuesto, las piscinas, al aire libre o cubiertas, de agua corriente o termal, de recreo o deportivas, qué más da, pero piscinas al fin y al cabo. 

Dicen los expertos que la natación constituye el deporte más completo. Aprender a nadar debería ser una asignatura obligatoria en los colegios. Así se podrían evitar muchas muertes y accidentes. En verano, en las páginas de la prensa local proliferan las fotografías de gente alegre. Sus protagonistas mayoritariamente sonríen, al lado de una piscina. No es mala idea para una provincia que puede batir plusmarcas de calor durante varias jornadas estivales.

Pero en las piscinas, todos las precauciones parecen pocas. Parece ser que este año tenemos déficit de socorristas y algunas piscinas municipales de esta provincia tienen dificultades para abrir sus instalaciones. Además de prevenir los accidentes por ahogamiento, su uso irresponsable puede causar diversos traumatismos, alguno de ellos tan graves como las lesiones medulares. Uno de los casos más emblemáticos fue el protagonizado por el malogrado Ramón Sampedro cuando en una aciaga jornada se lanzó de cabeza al agua en una piscina natural de la playa de As Furnas. 

Traemos hoy a colación tan acuáticas reflexiones gracias a una reciente información sobre los avances que está consiguiendo la medicina moderna. Un equipo de cirujanos australianos acaba de conseguir que varios pacientes tetrapléjicos hayan vuelto a mover las manos después de una compleja operación y una intensa rehabilitación. Todos ellos habían sufrido diferentes lesiones medulares a nivel de la quinta y séptimas vértebras cervicales, bien por accidentes de tráfico o por traumatismos deportivos. 

Grosso modo, los especialistas fueron capaces de reparar y unir los nervios que habían resultado dañados con otros sanos, una innovadora técnica denominada transferencia de nervios, convertida ahora en una esperanza para reparar este tipo de patologías en otras zonas de la columna vertebral.  

Verano de piscinas y también de cine. Y cómo poder olvidarnos entonces de aquel atlético Burt Lancaster, que en 1968 protagonizó “El nadador”, la particular odisea de un extraño tipo que un buen día de verano, decidió cruzar nadando todo un valle, piscina tras piscina, hasta llegar a su casa. Inolvidable.

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