REPORTAJE

¿Un ourensano en la luna? Casi, casi, en la Patagonia

Isaac Pérez, ourensano natural de Oímbra, está viviendo a sus 60 años su enésima aventura sobre dos ruedas, en este caso por tierras chilenas, en plena Patagonia; todo un reto.

Eugenio Delgado e Isaac Pérez, durante uno de los altos en el camino, en su recorrido por la Patagonia.
Eugenio Delgado e Isaac Pérez, durante uno de los altos en el camino, en su recorrido por la Patagonia.
¿Un ourensano en la luna? Casi, casi, en la Patagonia

Su nombre es Isaac Pérez, natural de San Cibrao, concello de Oímbra, y a sus 60 años ha emprendido su enésima aventura sobre dos ruedas, en esta ocasión por tierras de la Patagonia, todo un reto.

Su afición por el deporte de la bicicleta viene ya "de hace muchos años. Comencé a dar pedales allá por el año 1987... hace ya 32 años de eso, y desde entonces ya no lo dejé". Todos los domingos del año los dedica en parte a su afición, "siempre que el tiempo lo permita", matiza. "Incluso algún día por la semana en invierno practico montaña, y en verano en carretera", añade.

Sus primeras rutas largas comenzaron poco a poco, haciendo los Caminos de Santiago. El primero fue el Camino francés, "que hice dos veces desde Roncesvalles. Luego me animé con el del Norte. También hice el Camino portugués desde Faro y, por supuesto, la Ruta de la Prata, que cubrí dos veces desde Sevilla", explica este aventurero de las dos ruedas al que parece no pesar la edad y que sigue encontrando nuevos retos cada año.

La Ruta del Cid, de Burgos a Valencia, o la Via Augusta, que sale desde los Pirineos, en Cataluña, hasta Cádiz forman parte también de esa experiencia de más de 30 años encima de una bici. Una amplia vivencia sobre el territorio nacional que le sirvió para lanzarse con ánimo a aventuras más internacionales. como el cruce de los Alpes, partiendo de Garmisch, en Alemania, pasando por Austria y Suiza "para finalizar en Italia, en el lago de Garda después de haber subido el mítico Mortirolo", recuerda este dueño de una pequeña empresa de recreativos que encuentra en estas escapadas su válvula de escape anual.


Rumbo a Chile


A Chile llegaron el pasado 3 de febrero para iniciar un recorrido que, tras atravesar todo el país, desde el extremo sur -la Patagonia-, pasará por la ciudad de Punta Arenas para terminar en Santiago el 22 de este mes de marzo, fecha en la que tienen el vuelo de regreso a casa.

Cuando se le pregunta por alguna anécdota, no lo duda. Afirma categóricamente que "estos viajes, te puedes imaginar, dan para escribir un libro". Pero siempre queda alguna grabada en la retina. "A los pueblos donde vamos a dormir -explica- nunca lo tenemos programado, va en función de cómo sea la ruta de dura, a veces paramos con 70 kilómetros y otras nos vamos a los 120 o más; siempre encontramos algo". Pero cuando hicieron "la Vía de la Prata Sevilla-Santiago, paramos en un pueblo que se llama Cuba del Vino en la provincia de Zamora, allí nos coincidió fin de etapa; era ya tarde, sobre las 22,00 horas del mes de junio y empezaba a hacerse de noche. Preguntamos por alojamiento y no encontrábamos nada. Entonces un paisano del lugar nos indica que hay una casa que se dedica a dar pensión a los peregrinos". Alli se dirigieron: "Hablamos con la señora. Esta nos dice que sí, que en alguna ocasión se hospedaron en su casa. Pero la persona que regenta el albergue vecino al suyo la denunció por dar hospedaje y la sancionaron, y desde entonces ya no ofrecía ese tipo de servicio". Les tocó mostrar persuasión: "Le rogamos encarecidamente que nos acogiera, pues no teníamos donde dormir y que no pasaría nada pues nadie se enteraría que estuvimos allí; todo a condición de salir lo más temprano posible, para que no nos viera nadie". Pero hete aquí que cuando iban a salir, la vecina de enfrente -la denunciante- se puso a limpiar los cristales. "Y no pudimos salir hasta las 12 del mediodía", señala Pérez.

Aquel viaje, como otros que hizo después, siempre los afrontó acompañado de algún amigo, algo que reconoce que "no es fácil".Y se explica: "Encontrar a alguien que tenga esa preparación, disponga de tiempo y recursos es complicado, por eso en cada viaje al exterior me tocó con gente distinta".

Para Chile no encontró a nadie en la ciudad de Ourense que pudiera apuntarse a este recorrido, por lo que al final "me vine con un amigo, también ciclista, de A Coruña, Eugenio Delgado", con el que acaba de afrontar la etapa del desierto de Atacama.