Ourense

Ourensanos confinados donde empieza el cielo

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REPORTAJE

Ourensanos confinados donde empieza el cielo

Carmen y Paco posan para la cámara en Zermatt
photo_cameraCarmen y Paco posan para la cámara en Zermatt
Paco y Carmen, ourensanos, viven la crisis sanitaria en el Grand Hotel Zermatterhof de Suiza, donde son encargados de mantenimiento. Un entorno privilegiado y una cuarentena menos restrictiva para un matrimonio hecho a sí mismo.

Descansan tras llegar de una caminata. Otra más. Ellos pueden salir a pasear y, además, hacerlo por un entorno privilegiado digno de una postal. Son ourensanos. Él de Celanova, ella de Sobrado do Bispo (Barbadás). Llevan sus raíces en el ADN y en la memoria. Pero su estancia en Suiza no se cuenta ni por días ni por años, sino por décadas. Llevan casi 40 años en el centro de Europa. Se fueron, como muchos paisanos, buscando un futuro mejor a principios de los ochenta. Carmen abrió el camino. Paco se unió meses después. Se ganaron su sitio a pulso hasta terminar como encargados del mantenimiento del Grand Hotel Zermatterhof, en Zermatt, a las faldas del icónico monte Cervino (Matterhorn, en alemán). Uno de los centros neurálgicos del turismo suizo, famoso por sus instalaciones de esquí y sus rutas de senderismo. Un paraíso. Y, aunque tenían previsto pasar sus vacaciones en Ourense, la crisis sanitaria se cruzó en su camino. No pudieron salir. 

"Dos o tres años más aquí y nos volvemos rumbo a Ourense. Los gallegos y la morriña, ¿qué te voy a contar?, confiesa Paco

Confinamiento alpino

A miles de kilómetros de distancia (y a 1.600 metros de altura) viven un confinamiento más "light", mientras miran con preocupación la situación en su tierra, donde espera la familia, nietos incluidos. "Aquí en Suiza todo sucedió de un día para otro. A mitad de marzo las autoridades dijeron 'se cierra todo' y se hizo de forma radical. A los clientes los avisaron y en dos o tres días estaban todos fuera. Incluso cerraban los aeropuertos, así que los que quisieran salir del país estaban obligados a hacerlo inmediatamente. Fue increíble. En 24 horas desapareció todo el mundo. Nunca vi una cosa igual. Vas por a calle y solo te encuentras personal de los hoteles que no se pudieron marchar. Ahora ha vuelto a empezar la construcción, ya se puede mover la gente... a ver si eso no trae problemas. Porque en las ciudades como Lausanne o Berna, sí hubo incidencia del virus. Aquí arriba hubo algún caso, pero apenas tuvo relevancia. Solamente casos puntuales", resume Paco.

Dentro de lo que cabe, la tranquilidad reina en un país con fama de tranquilo. El Gobierno acaba de anunciar el plan en tres etapas para ir abandonando el confinamiento contra la pandemia debido a unas cifras sanitarias que parecen estabilizarse. Será el momento de ir recuperando una normalidad que Paco echa en falta. "El hotel está vacío. Está todo cerrado de momento. Solo están abierto los supermercados. Da pena verlo, la verdad. Aquí, aún en verano, vas por la calle principal y te encuentras con cantidad de personas. Tienes que ir esquivando a la gente. Hoy, no te cruzas ni con una mosca. La mitad del día lo pasas en casa, y la otra caminando, que es lo bueno, que podemos salir. ¡Y en qué entorno!". 

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Contacto con Ourense

Las videollamadas aparecen como un digno sustitutivo del cara a cara. No es lo mismo, pero ayuda para que los 1.831 kilómetros que separan Zermatt de Ourense se hagan más llevaderos. "Allí tenemos a toda la familia, a nuestra hija, los nietos... Y llevan más de un mes dentro de casa. Viven en el pueblo y aún tienen una libertad diferente.  Un balcón o una terraza en la ciudad se cotizan. Es triste. Hasta para nosotros lo es, que no podemos ir. Estamos pasando nuestras vacaciones aquí en Zermatt. Estamos con chavales italianos, que forman parte del personal del hotel que trabajaron hasta última hora y ya no pudieron volver a su país. Nos pasó igual a nosotros. Teníamos un mes de vacaciones y el viaje a Ourense planificado. Pero pasó esta crisis", lamenta Paco. Sabe que tendrá que esperar a que pase la situación y las fronteras vuelvan a levantar la barrera para salir y entrar.

Desde el corazón de los Alpes también se analiza la situación en España. El matrimonio opta por escuchar más que por opinar. "De los que entienden", afirman. Y la crítica europea a la capacidad de reacción española ante la crisis también ha llegado a sus oídos. "La opinión aquí de lo ocurrido en España, de la gente que entiende y que te cuenta, es que la gestión del Gobierno español fue un desastre. Que no actuaron como tenían que actuar ante la crisis. Incluso dicen que a principios de febrero ya estaba el coronavirus por el país. Yo les digo que no sé nada, pero es la opinión generalizada aquí", recuerda Paco.

En un entorno acostumbrado al bullicio y al no parar, el silencio se escucha todavía más. La tranquilidad surge como una extraña en el día a día de Paco y Carmen. Sos trabajadores del turismo, con experiencia. Se han visto en las duras y las maduras. Y ven con preocupación y perspectiva una situación que afectará a Suiza, a España y al mundo su totalidad. "A ver si se pone todo un poco mejor, porque este verano me parece que va a ser malo. Aquí quieren abrir julio y agosto... pero yo no sé si vendrá la gente. Para llenar esto... hace falta que vengan de todos los países. Es un pueblo lleno de hoteles. Aquí si no hay turismo, no hay nada. Con sus diferencias, piensa en un pueblo del tipo de Manzaneda. Va a ser general, en España también. Y en toda Europa. Va a ser un problema grande para todos. A ver si de cara al próximo invierno podemos remontar", desea el matrimonio ourensano.

Carmen abrió  el camino. Llegó a Zermatt para trabajar un invierno. Paco aterrizó meses después. Y ya llevan 40 años.

Aventura "temporal"

Se preocupan por un futuro que empezaron a construir el siglo pasado. Fueron de esos valientes que no dudaron en cruzar fronteras para dar un paso adelante en sus vidas. Él a punto de celebrar los 62 años y ella con 59, echan la vista atrás para entender como han llegado a su situación actual. "Había terminado de hacer el servicio militar. Todo tuvo su origen en unos vecinos de mi mujer allí en Sobrado do Bispo, que fueron los primeros españoles en instalarse en Zermatt, según cuentan la historias por aquí. Primero vino Carmen, con trabajo para un invierno, abriendo camino. Y en verano de ese año, me vine yo. Y ya pasaron casi 40 años", recuerda Paco.img-20200425-wa0088_resultado

Cuatro décadas de evolución constante, que les han llevado a tener su residencia en tierras suizas y también parte de su corazón. "Encontramos un trabajo para los dos juntos en una casa de apartamentos. Llevábamos el mantenimiento. Así estuvimos unos seis años. Después, ya nos fuimos al Grand Hotel Zermatterhof, y aquí seguimos casa tres décadas después. Empecé de portero de pisos, pasé por la lavandería... Di mil vueltas por el hotel. Ahora llevo unos 20 años encargado del mantenimiento. Me quedan dos o tres años más, y ya estoy para la pensión", bromea Paco no sin una buena dosis de ganas en ese pronóstico.

Porque ambos quieren cerrar el círculo y volver a donde comenzó todo. Las maletas que un día se fueron volverán a Ourense. Lo harán llenas de experiencias y en una mejor posición. "Normalmente vamos a Ourense todos los años. Aprovechamos cuando terminan las estaciones del invierno y el verano, que son aquí las fuertes. Después, aquí ya no hay tanto trabajo. "Dos o tres años más y rumbo a Ourense. Los gallegos tenemos mucha morriña, ¿qué te voy a decir?. Si pudiese estar por allí cada poco tiempo, estaba", confiesa el ourensano.

Mientras se preparan para volver a dar una caminata por unas rutas que conoce a la perfección. Es el mejor entretenimiento. Pueden hacerlo. Tienen el paraíso para, casi casi, ellos solos. Con los Alpes en el horizonte y Ourense en la cabeza, Paco y Carmen seguirán esperando noticias de aquí y de allí con las maletas preparadas. Toca una visita temporal. Dentro de no mucho tocará una permanente para volver a ejercer de ourensanos al 100%.