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Matan al párroco de Vilanova dos Infantes para robar en su vivienda

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SUCESO

Matan al párroco de Vilanova dos Infantes para robar en su vivienda

Varias personas observan un furgón de los servicios funerarios junto al cobertizo donde ha sido hallado muerto el cura de la parroquia de Vilanova dos Infantes. (BRAIS LORENZO/EFE)
photo_camera Varias personas observan un furgón de los servicios funerarios junto al cobertizo donde ha sido hallado muerto el cura de la parroquia de Vilanova dos Infantes. (BRAIS LORENZO/EFE)

Adolfo Enríquez estaba boca abajo y con un golpe en la cabeza en el pajar anexo a su vivienda, que estaba revuelta y cerrada

La Guardia Civil investiga los pormenores del asalto intimidatorio que acabó con la vida de Adolfo Enríquez Méndez, párroco de Vilanova dos Infantes (Celanova), que a primera hora de la tarde de ayer fue hallado muerto en el interior de un pajar de su propiedad, con el cerrojo pasado por fuera, mientras la casa rectoral estaba "toda revuelta", según confirmaron los hermanos y sobrinos. El cadáver estaba boca abajo (decúbito prono) y presentaba un fuerte golpe en la cabeza, con sangre en la boca.

Adolfo Enríquez, de 77 años, natural de Calvos de Randín, iba a cumplir el próximo mes de mayo 46 años al frente de San Salvador de Vilanova dos Infantes, labores que compartía con la gestión de las parroquias de Ansemil y Cañón en Celanova y San Martiño de Domés (Verea). Hasta hace poco ostentó el cargo de consiliario del movimiento de los cursillos de cristiandad.

Fueron los propios familiares del párroco los que, alertados por los vecinos, se desplazaron pasadas las tres de la tarde de ayer desde Ourense y, tras acceder a la vivienda, se encontraron con el fatal desenlace. "Avisaría alguien del pueblo, nos llamaron a casa de manera reiterada a la hora de comer y mis padres se desplazaron aquí de manera inmediata", relataba su sobrino, José Manuel Enríquez, que hacía referencia al secreto de sumario para no ahondar más en las causas de la muerte, si bien fuentes de la Guardia Civil confirmaban que se trabaja sobre la hipótesis de un homicidio ocurrido en la madrugada del pasado martes.

Bolsa del pan

El amplio dispositivo de seguridad, con la vivienda acordonada y una veintena de agentes de uniforme y paisano, hacía corroborar los peores presagios a los presentes. "Que se hubieran llevado todo y dejarlo a él en paz", exclamaban conmocionados ante la pérdida de su párroco.

Los vecinos comenzaron a notar su ausencia en la mañana del miércoles, al ver colgada la bolsa del pan en la puerta de la vivienda. Si bien la última vez que lo vieron fue en la noche del lunes, tras la misa funeral por Benito de las Cuevas, que fue director de la Banda de Vilanova. "No se le echó en falta antes porque se pensaba que había ido a Valladolid, acompañando al féretro para darle sepultura. Por eso no nos extrañó que no acudiera a la misa del martes", relataba Simón, vecino y buen amigo del cura, que sospecha que los presuntos autores del robo y muerte del párroco celanovés "podrían haberle esperado en casa esa noche del lunes tras el funeral, porque el siempre dejaba la puerta un poco abierta para que entrara el perro".

A su lado, Paulino asentía. Ayer por la tarde s encontraba en la finca trabajando cuando escuchó los gritos de la cuñada llamando por el párroco por toda la casa. "Me ayudó a entrar, porque estaban todas las puertas cerradas. Estaba todo revuelto, pero él no estaba. Hasta que entraron al pajar", relataba.

A última hora de la tarde, la jueza de Celanova ordenaba el levantamiento del cadáver, que fue trasladado a Ourense para la práctica de la autopsia. "Es secreto de sumario y no sabemos nada, supongo que con el paso del tiempo nos dirán algo. Confiamos en la justicia y Fuerzas de Seguridad del Estado", comentaba José Manuel Enríquez.

La noticia de la muerte se extendió ayer por todo el ayuntamiento, donde Adolfo era muy querido y apreciado. "Le ha pasado esto por ser demasiado bueno", se lamentaba el propio hermano de la víctima, José Enríquez. Tanto él como sus convecinos recordaban que las puertas de su casa siempre estaban abiertas y siempre atendía, en la medida de sus posibilidades, a las personas que acudían a él en busca de ayuda. "Él en casa no tenía dinero, pero más de una vez acudió al cajero a Celanova para ayudar a quien se lo pedía, generalmente personas de otros países", explicaban los vecinos.