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A través de este escrito quiero denunciar una situación que vivimos mi señora y yo en el embarcadero de Belesar el domingo 10 de agosto.
Tras pasar unas horas por Chantada, como el calor era insoportable, decidimos ir al embarcadero a las 17:00 y esperar en la cafetería, más por refugiarnos del sol que por tomar algo, aunque hicimos las dos cosas. En dos ocasiones pregunté al vendedor de los billetes si debía validarlos (los compré la tarde anterior) antes de embarcar y me respondió que no, que su compañera los validaría en el momento de embarcar, y añadió, “pero como hoy estamos en alerta naranja es obligatorio llevar agua e ir al baño antes de subir al barco”. Compramos dos botellas de 50 ml de agua en la cafetería por las que nos cobraron 4 euros (aprovecharse de la necesidad para sangrar al turista es de mezquinos, pero ese es otro debate que tiene que ver con la catadura moral de cada cual) y nos dijeron que no tenían botellas grandes. Pedimos, además, dos cafés y esperamos la llegada del catamarán.
A las 18:40 bajamos hasta el embarcadero y mientras hacíamos la cola a pleno sol, porque el señor de la cafetería nos dijo que no podíamos estar a la sombra si no consumíamos (pese a ver que habíamos comprado las dos botellas de agua), vimos llegar el catamarán con el grupo anterior. Observamos que venía a tope y que el pasaje bajaba muy agobiado y enfadado. Preguntamos a varios que qué tal y nos dijeron que horroroso porque hacía mucho calor e iban como ganado hacinado. Mi señora y yo nos miramos y renunciamos a subir al barco. ¿Cómo pueden permitir servicios como este? ¿Por qué tratan a los turistas como borregos?
Si este es el camino que van a seguir para lograr que la Ribeira Sacra sea declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, francamente, lo van a tener muy complicado. He enviado este correo a la oficina de turismo y a la Diputación Provincial de Lugo y sigo esperando su respuesta.
Tomás Jorge Pérez
(Tenerife)
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