Educar hoy

Publicado: 02 feb 2026 - 00:10
Cartas al director en La Región.
Cartas al director en La Región. | La Región

Con frecuencia se insiste en la necesidad de formar al profesorado de acuerdo con los reclamos de la sociedad del siglo XXI. El relevo de la ministra encargada de la reforma de la formación del profesorado, Pilar Diaz Alegría, ha dejado aparcado el problema. Sin embargo su solución se hace cada día más urgente. El impacto de las nuevas tecnologías digitales es tan poderoso que cuando tratamos de abordar uno de sus efectos, ya estamos inmersos en el siguiente. Si siempre ha sido importante que los profesionales de la enseñanza conozcan los medios, en la actualidad lo es quizás aún más, pues las tecnologías se han hecho omnipresentes en la vida diaria.

En paralelo a la aceptación de la posmodernidad por parte del mundo académico ha tenido lugar la eclosión de la cultura del narcisismo y la década del “mi”. Se puede contemplar el narcisismo como una reacción defensiva ante los cambios sociales y la inestabilidad de la búsqueda del “número uno” en un entorno hostil, pero lleno de posibilidades. El paciente narcisista se encuentra en un mundo caótico, llevado por “impulsos”, sentir hambre de admiración, pero desprecio por aquellos a los que manipula y cierta inclinación a acatar “las normas sociales”, más por miedo al castigo que por un sentimiento de responsabilidad.

A mediados del siglo XX, la búsqueda de la satisfacción personal eclosionó tanto en el seno de la contracultura como en el del “establishment”. Los regímenes totalitarios tienen su origen, como causa principal, en la exaltación del narcisismo. Se hizo instrumento para el “progreso”. Las nuevas tecnologías se integraron en la lucha para la afirmación del “yo”. El teléfono móvil es más que un medio de comunicación y pasa a convertirse en un instrumento que ha cambiado la forma de relacionarnos y la forma de percibir la realidad. A través del móvil vivimos en la excepcionalidad permanente. Se materializa el dominio del algoritmo en las redes sociales. Nos convierte en producto de un negocio tanto más rentable cuanto más tiempo consigan atraparnos. Pasamos a ser tecnofeudales sin ser conscientes de ello. La solución depende en gran manera no de suprimir los móviles, sino de saber utilizarlos. No se puede ir contracorriente sino que hay que saber utilizar la memoria.

En educación, como en todas otras manifestaciones sociales, no se puede prescindir de las nuevas tecnologías, pero hay que evitar que nos dominen. El camino está en fortalecer la personalidad del sujeto docente y discente, su capacidad crítica. La formación del profesorado ha de programarse en el horizonte de la de apertura crítica ante las innovaciones sociales.

Moncho Ramos Requejo (Ourense)

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