Curiosidades de una costa por otoño

DEAMBULANDO

Publicado: 02 oct 2025 - 06:10

Opinión en La Región
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Por esta costa de A Mariña donde aún residente no obstante declinado el estío, donde ya las vistas panorámicas se muestran a larga distancia, por la gran visibilidad cuando los pasados calores que por acá muy soportables no dejaban más que un horizonte difuminado por el siempre calimoso verano. Por ello, errante con un grupo de cinco desde el Cabo Ortegal a la Estaca de Vares, el más septentrional de España, 400 km. por encima del paralelo de New York, donde el Cantábrico ya no avanza y el Atlántico comienza a ser el amo de occidente para nosotros, una separación de ficción de geógrafos, que más bien pareciere que el Cabo Ortegal sería el límite de un Atlántico que en su inmensidad contiene al mar Cantábrico, como si de un estado federado se tratase. La mar, por estos septiembres de vivas mareas, como más brava, azotando incesantemente la costa en un ir venir de olas con un colorido azulado a tenor de un día de más soles que nublados. Este litoral entre el cabo de la Estaca de Vares, que en tiempos se escribía de Bares, que se adentra en la mar precedido por una gran pantalla de cemento desde donde se emiten sonidos para alertar a la navegación. Allí en este cabo se montaron los primeros aerogeneradores de Galicia y también del país, tiempo ha desmontados por no rentables y espacio nunca ocupado por otros más actuales. Allí también una base USA par seguimiento aeronaval, hoy desmantelada porque los satélites con creces cumplen su función y donde unos molinos en cascada permanecen cuando la otrora moderna base, hoy en ruinas, y esa piedra molinar permanecerá hasta que, más el humano que el tiempo la destruya. Mientras, en la cumbre del cabo un semáforo completaba la regulación naviera por este extremo de Europa, donde el cabo señala el camino de entrada a la ria del Sor, de la Estaca de Bares, del Barqueiro o de Vicedo, que tantos nombres lleva. Serenas aguas de una ria donde a resguardo de la “neutralidad” española se refugiaban los submarinos nazis cuando descansaban de sus labores corsarias por el Atlántico Norte donde hundían la flota mercante aliada, y aquí reposados, se les proveía de víveres.

Por el litoral de Loiba donde la cinematográfica y brava playa de Picón, nombre por la aldea colgada en la cima donde un palomar, torre de vigilancia o molino de viento que todo fue, preside, o acaso lugar desde donde se encendían fuegos para atraer a barcos y despojarlos, que de todo debió haber por cualesquiera de poblaciones asentadas a la vera de la mar por todas partes. En sus orillas, ”o mellor banco do mundo, the best bank of de world”, que en nuestras excursiones costeras vimos nacer erigido por la mano de un vecino, Rafael Prieto, que nos contó la historia de su implantación, luego inmortalizado en una inscripción que un desconocido, acaso turista de la Gran Bretaña, se permitió grabar en su lengua, sigue siendo concurrido y a la espera de foto por turnos porque la gente acude hasta provista de bastones y mochilas para andar algunos metros y darse la sensación de convertirse en montañeros. A dónde vas, Vicente, donde va la gente. Aquello se ha desmesurado cuando ya hay réplicas banqueras, de madera, en ese corto tramo costero de no menos valor visual, que abarca de Vares al Ortegal con esa serie de playas, sumidas a más de 200 metros como son la de Fábregas, Carros o Pedra Furada, llenas de islotes que por acá dicen aguillons.

Esta moda del mejor banco del mundo, apareció en la costa, se ha extendido al interior o en los bordes de los cañones fluviales o cualesquiera alturas con visión panorámica, despierta en los creadores, asentadores o mandatarios el grabarles la conocida frase para inmortalizarlos

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