Afonso Vázquez-Monxardín
Caldo de ósos para o futuro
Hay eslóganes que suenan bien y otros que simplemente dicen la verdad. “Asturias, paraíso natural” pertenece, sin necesidad de discusión, a esta segunda categoría. No es una frase pensada para convencer, sino para describir. Basta recorrer la región con los sentidos abiertos para entender que no estamos ante una exageración publicitaria, sino ante una realidad evidente.
Este artículo no pretende descubrir nada oculto ni aportar grandes reflexiones. Es, conscientemente, intrascendente. Su única ambición es poner el foco, con humildad, en uno de esos lugares que hacen comprensible el eslogan sin necesidad de argumentos complejos: Ribadesella.
Ribadesella es el punto donde el río Sella decide encontrarse con el Cantábrico sin prisas, como si también él quisiera disfrutar del paisaje. Ese río, que nace en el corazón de los Picos de Europa y baja serpenteando entre montañas, pueblos y prados, no solo es escenario de fiestas y tradiciones, sino parte esencial del carácter de la zona. Su desembocadura, tranquila y luminosa, da a la villa una personalidad propia, a medio camino entre lo marinero y lo fluvial.
Las casas mirando al agua, el paseo marítimo, la playa abierta y limpia, el verde omnipresente… todo en Ribadesella transmite una sensación de equilibrio poco frecuente
Y es que los Picos de Europa, visibles y presentes incluso cuando no se ven, actúan como una especie de columna vertebral del paisaje asturiano. Desde Ribadesella, el mar y la montaña no compiten: se complementan. En pocos kilómetros se pasa de la brisa salina al aire limpio de la altura, recordándonos ese raro privilegio de Asturias: tenerlo todo cerca y sin estridencias.
La belleza del lugar se completa, cómo no, con su gastronomía, que aquí tampoco necesita fuegos artificiales. Pescados y mariscos que saben a mar de verdad, fabes que reconcilian con el plato hondo, quesos con carácter y sidra que acompaña más que protagoniza. Comer en Ribadesella -y en Asturias en general- es una extensión natural del paisaje: honesta, contundente y sin pretensiones.
Las casas mirando al agua, el paseo marítimo, la playa abierta y limpia, el verde omnipresente… todo en Ribadesella transmite una sensación de equilibrio poco frecuente. No es un lugar que se exhiba; es un lugar que se deja descubrir.
Por eso este texto no aspira a ser trascendente. Solo quiere recordar que en nuestra geografía patria existen rincones donde la belleza no se discute, se asume. Ribadesella es uno de ellos. Y quizá por eso, al marcharse, uno entiende que Asturias, paraíso natural no es un lema: es una constatación tranquila, casi obvia, de lo que salta a la vista.
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