Equipo dorado: fútbol húngaro y comunista

SUEÑOS DE OLIMPIA

Publicado: 07 jul 2025 - 03:56
El fabuloso equipo de oro de Hungría, dominador de la primera mitad de los años 50.
El fabuloso equipo de oro de Hungría, dominador de la primera mitad de los años 50.

Se cumplen 75 años del dominio de un equipo de fútbol portentoso, adelantado a su tiempo e íntimamente relacionado con un régimen político. La selección húngara, apodada como “el equipo dorado”, solo perdió un partido entre los años 1950 y 1956.

Estaba compuesto por fabulosos jugadores -Czibor, Kocsis, Bozsik, Lórant, Hidegkuti- liderados por el gran Ferenc Puskás y entrenados por el visionario Gusztav Sebes.

Sebes era un convencido comunista, con hilo directo con el jefe de la policía secreta. En 1949 fue nombrado seleccionador, además de vicepresidente del Ministerio de Deportes y presidente del Comité Olímpico húngaro. Inspirado en el fútbol británico, italiano y austríaco, desarrolló un sistema 4-2-4, revolucionario en su época.

Con el beneplácito del politburó y todos los medios disponibles, Sebes desarrolló una peculiar mezcla de fútbol “socialista” y colectivo, con total libertad individual. La selección ganó el oro en los Juegos de Helsinki 52 y alcanzó fama mundial, tras arrollar a la todopoderosa selección inglesa en un doble partido, con resultados apabullantes de 3-6 en Wembey y 7-1 en Budapest.

El equipo dorado estaba en la cúspide. Hungría se paralizaba en cada partido. Los futbolistas eran privilegiados en un sistema miserable. Con buen sueldo e ingresos obtenidos del contrabando durante las largas giras por el extranjero.

Sebes era poderoso. Capaz de sacar de un campo de concentración al sancionado Gyula Lórant o interceder ante la policía secreta por el portero Grosics.

También se granjeó muchos enemigos, pero en 1954 nadie osaba criticar en el país a su fabulosa escuadra, ejemplo de la “superioridad comunista frente al capitalismo”.

Jozsef Bozsik y Ferenc Puskás, dos íntimos amigos separados por una revolución.
Jozsef Bozsik y Ferenc Puskás, dos íntimos amigos separados por una revolución.

Puskás-Bozsik, dos amigos y dos destinos

Hungría era la máxima favorita para ganar el Mundial de Suiza de 1954. Tras ganar a Brasil en cuartos y a Uruguay en semifinales, solo quedaba en la final una mediocre Alemania Federal, vapuleada por 8-3 en un amistoso previo.

Entre el mérito germano, un campo embarrado y el despiste húngaro, Alemania ganó 3-2, y causó un terremoto en Hungría. La derrota provocó disturbios en el país. Los jugadores se convirtieron en villanos y surgieron los enemigos.

A su regreso, Grosics fue encarcelado 15 meses, acusado de traición. Puskás fue insultado por la calle. El entrenador Sebes humillado, despedido y relevado de sus cargos, sustituido por un quinteto de técnicos. Su hijo recibió una paliza en el colegio.

Nuevas victorias suavizaron el clima, hasta que llegó la revolución de 1956, coincidiendo con dos giras europeas de los dos clubes de los que se nutría la selección, el Honved y el MTK.

En este clima de caos, el gobierno ordenó el regreso inmediato de ambos, mientras surgía la posibilidad de huida hacia un mundo mejor. Este dilema enfrentó a dos amigos desde la infancia y compañeros de pelota. Jozsef Bozsik, diputado en el parlamento y favorable al régimen. Ferenc Puskás, quizá apolítico, pero indomable y harto del sistema.

Las posturas eran irreconciliables y la discusión fue terrible. Puskas decidió huir y terminó en el mejor Real Madrid de todos los tiempos. Le acompañaron Czibor y Kocsis en el Barça, donde coincidieron con Kubala, ya fugado en 1950. Grocsis se unió a la resistencia. Bozsik y la mayoría regresaron, obligados por la familia y el deber.

La Revolución del 56 terminó por rematar al equipo dorado, también revolucionario.

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