Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
A primera vista, uno de los motivos que explican el fin del letargo que algunos arrastramos durante las fiestas es nuestra exposición al impacto de las noticias que abren el año. No es que se trate de un desplante o indiferencia, es mas bien un desapego que uno se permite porque sabe que, al fin y al cabo, hay fecha de caducidad para todo esto. Y al llegar el 7 de enero, cuando ya cuesta mantener las conquistas que el tiempo libre y la monotonía navideña nos han concedido, el armazón en el que nos habíamos cobijado se cae.
Las mismas condiciones de heterogeneidad de este mundo loco-loco son las que acaban con la hibernación voluntaria. Por eso, una vez aceptado el reto del escrutinio, es cuando comenzamos a darnos cuenta de hasta qué punto algunas informaciones son relevantes. En el tumulto de las redes sociales en donde manda el algoritmo, nada que decir. A mí ya no me generan ni desasosiego. Otra cosa son los diarios, con la marca de cada casa abriendo o cerrando tal o cual debate, pero que a fin de cuentas no viven de contar trolas. Así que, tras el repaso de la prensa de estos días me atrevo a señalar aquí un asunto que mucho me temo que se extenderá como un inquietante culebrón a lo largo del año entrante.
Ojalá me equivoque. Para empezar Elon Musk, ese hombre. Me pregunto qué le pasa. ¿No tenía suficiente con la pasta, con darse aires de supervillano dispuesto a colonizar Marte?. Parece que no. El magnate sudafricano que previsiblemente se va a responsabilizar con Trump de reducir el gasto del Gobierno federal en EE.UU está on fire desquiciando a la mismísima Comisión Europea con sus declaraciones de apoyo a partidos y organizaciones ultraderechistas del viejo continente. Bueno, está en su derecho. Se trata de la libertad de expresión. Pero teniendo en cuenta su enorme poder, su injerencia en la política de otros países ha hecho saltar todas las alarmas. Alemania, Francia y Gran Bretaña están bajo su punto de mira. Exigen neutralidad. Emmanuel Macron está que trina.
El primer ministro británico, Keir Starmer, lo acusa de difundir mentiras y desinformación. Olaf Scholz, el canciller alemán, se revuelve. Nadie puede imaginar el siguiente paso o giro en el guion. A su lado, Trump parece un personaje bisoño. Lo que ya es decir. Pero el caso es que comienza ha afianzarse el temor a que los señores del nuevo tecno-feudalismo universal, con Musk al frente, y Mark Zuckerberg siguiendo la estela, logren trazar a partir de ahora las líneas maestras de la geopolítica a cara descubierta y sin ningún pudor. Es normal que cunda el pánico, esto ya no va de liberales, conservadores, socialdemócratas o lo que corresponda. Es otra cosa, otro paradigma. Una criatura superlativa que también ha estado hibernando mientras esperaba su oportunidad.
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