Opinión

Aquellos extraños granos de café

Opinión

Aquellos extraños granos de café

Cuando hace unos diez años la Diputación me publicó el libro “La vida en A Ponte hasta los años 60” la cosa tuvo buena acogida, bastante gente me decía: “Tienes que hacer la continuación en los años siguientes”. Pero era algo que no me convencía. Porque el Puente en esos años ya que no era el de antes. Antes era un pueblo lleno de pícaros, pillos y, a la vez, sencillos, modestos, por raro que resulte. Y después era un Puente más serio, ourensano, formal… que no daba tanto juego. Lo digo una vez más, partiendo de los tiempos del fútbol en el Veintiuno, el reparto de botas y de las señoras que no tenían reparos en salir a las calles a recoger parte de las huellas del ganado que pasaba para convertirlo en abono de plantas. Y llegamos a esta historia.

Me refiero a aquel día que estaban Luis do Rairo y Xocas viendo pasar a un rebaño de ovejas por delante de la vieja estación en la plaza del General Moscardó y, como es natural, observaban la tupida huella oscura que dejaban a su paso los animales, que caminaban, soltaban, aligeraban su cuerpo… “Oes, Luis... mesmamente parecen graos de café”, le dijo a “O Rairo”, al que inmediatamente se le iluminó el rostro y, a modo de respuesta, le dice: “Xocas, vaime cagando leches o Mazaira, e pidelle un cartucho dos que usan na tenda”. 

Claro. Fue rápido, porque aquello –pensó Xocas- si era que algo estaba surgiendo de la cabeza de Luis, sin duda iba a ser divertido. Sencillo. Recordaréis lo de las “contrabandistas aficionadas”, de las que traían escondido café de contrabando. Por eso, tan pronto apareció Xocas con el dichoso cartucho, le suelta Luis: “Vamos recoller un bo puñado de cagadas das ovellas”. 

“Agora imos de cara a taberna do Chucho. E ti ponte serio, coma si fora certo”. Entraron y estaba el tal Chucho sirviendo unos cafés, pero enseguida se fue hacia ellos. “E logo que traedes?” Luis, echándole misterio al asunto, hizo una señal de silencio y por lo bajo le dice al tabernero: “Disimula, que está ahí Xerardo, da Brigadilla e que non se vaia dar de conta”. Hicieron un silencio y continuó: “É que verás, fíxenme con algo máis dun kilo de café do que traen as mulleres de Arbo e é tan boa mercancía que seguro que che interesa. Digoche que é moi boa mercancía. Só o probei cascando unos graos nos dentes, pero fai a proba, con coidadiño, que non se dé de conta o Xerardo que nos empapela”, acercando el cartucho con mucho misterio, dejando la bolsa al descubierto para que el Chucho metiera la mano, de allí a la boca y cascara.

Lo hizo con mucho sigilo, muy pendiente del de la Brigadilla de Renfe. E inmediatamente soltó muy cabreado al notarlo en la boca, entre los dientes: “A puta que bos paríu! Esto é merda!” 
Pero O Rairo e Xocas xa non o escoitaron. Xa iban correndo calle abaixo…