Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada: Te recuerdo Viana
Las nubes cumuliformes o cumulunimbus (esos repollos blanquecinos tipo hongo nuclear que, sobre todo en verano, germinan en el cielo) pueden llegar a alcanzar los 60.000 pies de altitud; en su interior se generan fuerzas “G” capaces de partir en dos cualquier coloso del aire y son, con diferencia, el fenómeno meteorológico más estresante y peligroso en que puede verse envuelta una tripulación. Los aviones llevan un radar meteorológico (los más grandes dos) que detecta las tormentas: sabe dónde están, a qué distancia, a qué altura y cuál es su tamaño y grado de actividad; son los ojos biónicos de los pilotos, les permiten ver a través de las nubes, localizar los fenómenos tormentosos e incluso los pasos o rutas más convenientes para sortearlos. A pesar de que la climatología adversa es lo que más preocupa a los aviadores, el noventa por ciento de los accidentes aéreos son por errores humanos.
Hace años se aventuraba que la tripulación del futuro estaría compuesta por un piloto, un ordenador y un perro: la misión del piloto sería darle de comer al perro y el perro mordería al piloto si tocaba el ordenador. Pues bien, Airbus acaba de jubilar incluso al perro: un A350 1000 XWB, su avión estrella, ha completado en Toulouse un vuelo experimental sin pilotos: rodó solo hasta la cabecera de la pista, contactó con la torre de control, esperó su turno, despegó, completó todas las fases de vuelo, hizo la aproximación, aterrizó y abrió las puertas al llegar a la plataforma. Como quien friega.
Siendo escépticos, quisiera ver a ese Airbus aterrizando en el aeropuerto de Vigo por la cabecera sur, con un fallo de motor, una rueda reventada y viento cruzado de 30 nudos. Siendo optimistas, los pilotos (cada vez más) somos meros ascensoristas, y antes o después nos extinguiremos por innecesarios. Personalmente creo que lo más difícil será gestionar una trifulca a bordo, un pasajero achispado que le toca el culo a la azafata, un olor a quemado en la cabina, o un palurdo que no se quiere poner la mascarilla.
Pero entre tanto tranquilos; en cualquier minuto del día y de la noche hay miríadas de mortales en el aire recorriendo millones de kilómetros. Todos aterrizarán vivitos y coleando. ¿Cuántos fiambres se recogen en las carreteras del mundo un solo fin de semana? Pensad en esto: un niño en un aeropuerto europeo, tiene más posibilidades de llegar a presidente de gobierno (descartando en España, que aquí llega cualquier pelanas), o de ganar una medalla de oro olím-
pica, o de recibir el premio Nobel en Físi-
ca, que de morirse en el avión en el que va a alzar el vuelo.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada: Te recuerdo Viana
¡BUONE VISIONI!
“He-man y los Masters del universo”
Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
Al sanchismo no le puede ir peor
Chicho Outeiriño
La despersonalización de las barriadas (I)
Lo último
Nueva tecnología
Los seguros, otra ventana de oportunidad en el negocio de la IA
La Región
El G7: pompa sin frutos
ORÁCULO DAS BURGAS
Horóscopo del día: sábado, 20 de junio