Lágrimas en la lluvia

Publicado: 07 mar 2025 - 09:30
Opinión en La Región.
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Todo es política. Y sin embargo, nunca ha sido tan notorio el desencuentro con la política. Me refiero específicamente a lo local. A lo municipal. Es como si ciertos electores abandonaran la ciudad para ocupar los espacios tradicionales de artistas e intelectuales, es decir, las torres de marfil y moradas filosóficas en donde la felicidad y la inopia se dan la mano, tras anunciar que la rex pública no es asunto suyo y tampoco va con ellos. De modo que, la gente del común, como los intelectuales y los artistas (esos vagos y pervertidos) también se han echado a perder. Una lástima.

Y no se sabe si este bostezo general, este ambiente mortecino que nos envuelve y atonta a todos, deviene o es producto del hartazgo o el aburrimiento. Pero si hay que sacar alguna conclusión sería que el cinismo sigue marcando una sensacional época en la ciudad de Las Burgas. El sentido común, progresista o conservador (tanto da) ha desaparecido del imaginario colectivo. Y a nadie sorprende esta nueva forma, caricaturesca, inflada, contracturada, de gobernar sin política. Ya es una costumbre. Así que, a aquellos que han logrado ocupar cargos de poder para gobernar a la gente de espaldas a los intereses reales de la gente, no queda sino reconocerles su capacidad de oportunismo. Y a los que les votan, una medalla al valor y que Dios los coja confesados.

Y no se sabe si este bostezo general, este ambiente mortecino que nos envuelve y atonta a todos, deviene o es producto del hartazgo o el aburrimiento.

Ourense es una ciudad hermosa. Sin caer en el esteticismo bobalicón que la trata como una vieja dama (la vieja Auria) yo diría que aún mantiene su atractivo. Además, ha logrado retener su población y atraer a una emigración trabajadora que insufla vida y nuevos acentos al ecosistema. Bienvenidos sean su empuje y su alegría. Pero avanzamos a dos ritmos. El rasgo general es la lucha por la supervivencia diaria, al trote, sin pausa pero sin prisa. El rasgo oficial administrativo, es la ciática disfrazada de transgresión.

El rasgo general es la lucha por la supervivencia diaria, al trote, sin pausa pero sin prisa.

Intentaré ilustrarlo con un ejemplo. Imagine que la ciudad es un cuerpo. Un organismo vivo. Desde una base crítica, no hay tanto margen para lo espontáneo. Una ciudad no es un transformer, ni tampoco un calcetín al que le puedas dar la vuelta. Lo que necesita, es mantener a salvo sus sistemas. Sistemas que por otra parte actúan en coordinación y de ningún modo se pueden tratar como compartimentos estancos. La inteligencia organizativa está ahí, ese es el quid. Otra cosa es reventarlo todo. Creer que puedes sustituir las piezas (si hay alguna razón) y pensar que no afecta al conjunto. Porque entonces, ese desmantelamiento loco de funciones y servicios te conducirá a la nada absoluta. Y solo quedará un recuerdo de lo que fue.

Recuerdos que también se perderán como lágrimas en la lluvia. Como los sueños de un replicante.

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