Opinión

Marisa Novoa Novoa

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Marisa Novoa Novoa

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El abejaruco esmeralda (Merops orientalis) es un pajarito exquisito de plumaje verde esmeralda; las alas muestran bordes de fuga negros, las plumas externas de la parte inferior de la cola son de color gris brillante; las patas y los pies son estilizados y con un andar majestuoso. Es bastante gregario, con hasta 30 pájaros descansando muy cerca unos de otros en una rama, y hasta 20 congregándose para bañarse juntos en el polvo. Se cree que los baños de polvo ayudan a las aves a expulsar y a eliminar el exceso de grasa de sus plumas. 

Marisa Novoa, como el Merops orientalis, es majestuosamente elegante, gregaria y familiar, y como al abejaruco, le encanta organizar eventos y celebrar fiestas para juntar a familia y amigos. Marisa, que nació un mes de julio en Ermua (la segunda Galicia en el País Vasco), vivió allí hasta los 13 años y fue cuando se vino para Ourense, donde a los 16 conoció a José Eladio Estévez, un joven fotógrafo (Foto Pasión), casándose a los 21 y siendo madre a los 22. 

Una faceta que la aproxima al gregarismo del abejaruco es que es muy activa, desde los 16 años trabajó en distintos puestos, entre ellos peluquera, hasta que junto con su marido y sus cuñados crearon una firma de vestidos de novia que se ha consolidado de tal forma que es un referente en la actualidad de nuestro comercio en Ourense. ¿Por qué se especializó en novias? Ella siempre dice que sintió la necesidad y el impulso de acompañarlas en un proceso tan bonito come es el de elegir su vestido, una hermosa tarea que en el reciente pasado de nuestra ciudad han desempeñado verdaderas profesionales con ese carisma muy necesario para el asesoramiento que va mucho mas allá de la venta de un vestido nupcial. Pepita, Lourdes, Ana, Teresa, Mila (José Luis) Marina (Mayna) y Carmen de Passion, con otras que lamento no recordar, han sido unas auténticas asesoras en esa faceta que en la actualidad pretende ser sustituida por influencers a veces de pacotilla que con un cierto cuentismo lo único que consiguen es que algunas de las novias de hoy escondan en un cajón sus fotografías mañana.

Afortunadamente aún quedan auténticos profesionales como Marisa Novoa, que con su dedicación y trabajo transmiten profesionalidad y autenticidad en todo aquello en lo que además de laboriosidad, ponen su alma. 

Marisa me recuerda a las hermanas Fontana (Roma) por aquel entonces de las más famosas diseñadoras de Italia, que  diseñaron para Audrey  Hepburn un vestido de satén en color marfil, con cuello barco, manga francesa, ceñido a la cintura y rematado con un pequeño lazo. Aunque el vestido ya estaba listo, el destino quiso que la boda nunca llegara a celebrarse, siendo la propia actriz quien canceló el compromiso para dedicarse por completo a su carrera profesional. Por ello, Audrey hizo gala de su personal carácter y pidió a las tres modistas que regalaran el vestido a la mujer más hermosa y pobre que encontraran, a aquella italiana que se fuera a casar y no pudiera permitirse tal lujo.

A Marisa, que es extremadamente generosa, trabajadora, positiva, alegre, resolutiva y perseverante, le gusta la música de los 80, su color es el negro, su obsesión es la limpieza y nunca rechaza cenar un vaso de cola cao con magdalenas; le encantan los bollos de merengue y no le gusta la tarta helada como postre. Tiene una manía: dejar siempre un poco de leche en el vaso. Con José Eladio vive por y para su familia, siempre pensando en ir a Lisboa para ver  a su hija Nerea, a su yerno Miguel y a su añorado nieto Gonzalo.


La conocí durante un desfile, me llamó mucho la atención su porte y fuerte personalidad, es cercana pero austera en la conversación, educada pero no efusiva, y sobre todo es persona directa, muy clara en sus conceptos profesionales. Frontal y desinteresada con las personas que con la sinceridad, consiguen ganar su confianza. Marisa, cómplice necesaria de Cupido o San Valentín.