Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
Con el paso de los meses, en las sentinas del alma se acumula mucha mercancía. Giramos alrededor del Sol durante 365 días acumulando las trizas de esta cosa, de este ensayo que llamamos vida, hasta alcanzar la cota máxima. Y entonces, el 31 de diciembre, sacamos la palanca.
Casi todo el mundo formula una promesa y trata de renovar la carga sustituyendo algo viejo por algo nuevo. O dicho de otro modo, algo conocido por algo desconocido. Y, a veces, en el ánimo se produce una desbandada. Otras no tanto. En cualquier caso, opino que el asunto merece un ritual a la altura.
Antes de considerar la Nochevieja como la despedida del año, yo prefiero hacerlo a mi manera. Es decir, prefiero despedirme con la última luna llena de diciembre. Esa que llaman “luna fría” o “luna de la larga noche”. Porque para cada luna llena de cada mes, existe un nombre o varios. Y aunque no tengo nada en contra de las fiestas o de las despedidas, cuando se trata de hacer resumen escojo medir el material de mis deseos bajo su luz. También creo que a menudo subestimamos su poder.
Yo prefiero hacerlo a mi manera. Es decir, prefiero despedirme con la última luna llena de diciembre. Esa que llaman “luna fría” o “luna de la larga noche”
Por eso, durante la noche del día 15, me dediqué a despachar con el astro todo el tiempo gastado de 2024 que nunca jamás volverá. Es como si ese maravilloso disco blanco recortado en el manto celeste pudiera tragarse mi pasado reciente, vociferante y desordenado, que aún está por reciclar. Adiós my friend, que te vaya bonito, le dije. Y cara a cara con la luna, acodado en el balcón de mi casa, durante esa noche, se lo di todo, o casi todo.
Es una pena no saber más de astronomía. Ir más allá de lo básico o de lo que aprendimos en la escuela. Porque lo que late aquí abajo tiene mucho que ver con la influencia lunar. En la agricultura, en los partos, en las mareas. En tantísimas otras cosas que no se manifiestan de un modo perceptible. Pero antes que todo esto, yo creo que lo que se revela al observar y dialogar con la luna es el sentido de la “otredad”.
La luna brillando en su fondo oscuro, es la antesala reconocible de “lo otro” que existe allá afuera. Por su proximidad podemos compararnos con ella mejor que con cualquier otro objeto celeste. Los límites discretos de nuestra conciencia nos impiden asimilar las estrías del universo, su tamaño, su velocidad. Pero con la luna es posible tratar. Evidencia que estamos aquí, en un rincón.
Por cierto, la próxima luna llena es el 13 de enero y cae en lunes. Recibe el nombre de “Luna de lobo”.
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