Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
Estimada señorita:
Algunos padres todavía piensan que si sus hijos mienten, con frecuencia y apasionadamente, es porque tienen mucha imaginación. Pero otros opinamos que no hay nada de cierto en eso. Por el contrario, la intención del niño es acumular poder. Así que no se trataría de un acto motivado por la experimentación del reino de los sentidos sino más bien por la experimentación del reino de los conceptos. Cómo se produce y dónde se situaría el origen de esta pulsión por el poder, radicaría en la percepción temprana de que el lenguaje es un instrumento de manipulación.
Yo recuerdo mis primeras incursiones en el lenguaje escrito de esta forma. Hasta donde alcanza mi memoria, mi primera obra seria , autoeditada a la edad de nueve años, se titulaba “San Acisclo y la Isla de los Vikingos”
Fabular y contar historias acerca de uno mismo en los primeros años de vida, constituiría entonces la ejecución por tanteo del nivel performativo del lenguaje. Si miento altero mi mundo y altero por contacto el mundo que me rodea. Es lo natural. Yo recuerdo mis primeras incursiones en el lenguaje escrito de esta forma. Hasta donde alcanza mi memoria, mi primera obra seria , autoeditada a la edad de nueve años, se titulaba “San Acisclo y la Isla de los Vikingos”. No era muy extensa, quizá entre cuatro y cinco cuartillas de texto, pero incorporaba un interesante catálogo de dibujos e ilustraciones extremadamente detallistas y a todo color de armas, planos del terreno, diseño de embarcaciones, animales variados y un elaborado código de señales que facilitaba la comunicación clandestina entre el protagonista de la historia (yo) y la Dama Vikinga.
Este personaje, el de la Dama, aún es capaz de de excitar mi sensibilidad a pesar del tiempo transcurrido, lo cual demuestra la efectividad de las mentiras que (nos) contamos. En cualquier caso, una buena y certera mentira elaborada, como pudiera ser un artículo, el dibujo de una viñeta o (viniéndonos más arriba) un cuento o una novela, en mi opinión debería arañar de la piel de este cochino mundo su correspondiente dosis de poder. Me refiero al poder personal. Al poder de influir. Y como toda obra tiene su destinatario secreto, no cabe sino confirmar que escribimos para que nos quieran. Dibujamos para que nos quieran.
El segundo movimiento de esta danza tiene lugar cuando uno toma conciencia en la vida adulta de que convivimos con nuestras máscaras. Lleva su tiempo, pero a la postre, un día descubrimos que ahí están. Las identificamos. Son conchas vacías sobre las que oponemos nuestra propia cara ( esa sí que va cambiando ) en un acto reflejo que pretende responder a una agresión o a una aflicción. Puede que no seamos enteramente conscientes del verdadero aspecto de nuestro rostro y si nos hacemos una vaga idea en nuestra mente es apenas una caricatura, pero reconoceríamos a nuestras máscaras entre un millón. Aquellos o aquellas que las usan a diario son los más sedientos de poder.
Le deseo un hermoso carnaval y le envío el más hermoso de los palíndromos: “reconocer”.
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