Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
La política, como hermana gemela de la industria, tiene como principio someter a la herejía hasta que la herejía misma se vuelve rentable. Hablo de Trump y de su reciente investidura. Ese personaje que con grandes dosis de audacia ha dejado atrás el perfil de Jaimito para rodearse, en su come back triunfal, de los más lanzados de la clase. Ahí estaban Musk, Zuckemberg, Bezos, Cook o Sam Altman. Los tycoons de la tecnología más aventajados, salvando quizá a Bill Gates, que al ser de los que le gusta quedarse en casa leyendo, ni fue ni se le esperaba.
También acudieron obviamente los MAGA, encabezados por Steve Bannon, jefe en la Casa Blanca, hábil estratega político y ex vicepresidente de Cambridge Analytica durante el escándalo en Facebook al que sacaron de en medio en 2017. En aquellos tiempos bárbaros o preclásicos del actual presidente, cuando nadie anticipaba la llegada del orden mundial del imperialismo made in USA.
En la ceremonia estaban otros expresidentes relevantes, como Obama o Clinton, ya desprovistos del brillo o flow que anteriormente les dio tanta fama, ahora oscurecidos ante el vaniloquio desenfrenado y áspero de Trump. Y un Joe Biden borroso, en el sentido más literal del término, quien tuvo que asistir a la cancelación ipso facto de su propio y tambaleante legado político.
La urgencia de las medidas, al parecer, es la clave. También el contrapunto en la melodía. Una división entre los que van a entrar en el nuevo club y los que no son aceptados. El nuevo credo ultra manda por encima de la diplomacia, amigos. Después de todo, se trata de combatir la flacidez y la tibieza. De modo que o estás con nosotros (los más poderosos) o te quedas fuera. Y si no tienes influencia o pasta, tu estrategia no vale un carajo.
Por eso España, hoy encarnada oficialmente en la figura del Puto Amo, no fue invitada. Y sin embargo, sí que tuvimos nuestro momentito de protagonismo tronchante cuando en una sesión de firmas televisada de Trump, este reconoció ignorar a qué condenado grupo de países pertenecíamos. Fue la puntilla.
Hubiera sido estupendo y muy necesario abrir una válvula semántica en aquel momento y aclarar que somos de esos a los que se nos da bien (lo que sea, pero bien) siempre mirando hacia adelante. Dinámicos. Tecnológicamente adaptados. Sin temor al apocalipsis y con hambre de futuro. De ideas rompedoras. Pero oficialmente este año vamos a celebrar el 50 aniversario de la muerte de un dictador.
Entonces me he acordado de “A Million Miles Away”, el tema del genial Rory Gallagher, mi músico favorito. Ya saben, ese que dice: “I’m sailing like a driftwood on a windy bay./ Send me away”.
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