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Cocina del mar a la orilla misma del mar, en Arealonga

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Cocina del mar a la orilla misma del mar, en Arealonga

Fachada del restaurante Casa Rey.
photo_cameraFachada del restaurante Casa Rey.
Casa Rey practica una cocina en la que, si bien tiene buenas carnes, no se me ocurriría ni probarlas: las superan sobradamente sus pescados y mariscos.

La playa de Arealonga es uno de mis primeros recuerdos de infancia. Quizás porque íbamos a ella en una época en la que tenía la comodidad de que el tranvía te dejaba a un paso de ella y las casas que había en su entorno se contaban con los dedos de una mano. Recuerdo, décadas después, cuando comenzó a convertirse en un punto de tapeo, porque había algunas casas de comidas y mesones. Entonces tenía allí su taller Carducho, el padre del cocinero y propietario de Casa Rey, Carlos Grobas, el restaurante al que fui esta semana, un mediodía lluvioso y brumoso, en el que el mar, aunque se veía menos nítido, está al lado de su terraza, se percibía mucho más cercano.

Casa Rey practica una cocina en la que, si bien tiene buenas carnes, no se me ocurriría ni probarlas: las superan sobradamente sus pescados y mariscos. Los guisos de pescado, sus calderetas y sus arroces merecen la pena. Pero no vayáis solos, porque lo mejor de su carta está pensado para dos personas: desde las almejas con fideos, a las fabas de Lourenzá con bogavante o las calderetas de pescado se cocinan para dos. En esta ocasión yo iba solo así que me quedé jugueteando con su sección de tapeo, en la que tiene también interesantes opciones, como los berberechos king size (esos que vienen de Noia), el pastel de escarapota (que los vascos llaman cabracho), el pulpo, los calamares, los chipirones... y unas croquetas de centolla, que son las que aparecen en la fotografía, tan bien hechas como presentadas.

Cocina tradicional, con toques creativos, muy cuidada y un ambiente acogedor, bien atendido, con una carta de vinos interesante y unos precios nada baratos, que están a la altura del producto y el trabajo de cocina.