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Águilas o destellos, en el plan contra los estorninos en Ourense

La poda selectiva, la colocación de halcones artificiales o la emisión de sonidos de aves no han dado resultado

El parque de Os Remedios es una de las zonas afectadas por la presencia de los estorninos.
El parque de Os Remedios es una de las zonas afectadas por la presencia de los estorninos.
Águilas o destellos, en el plan contra los estorninos en Ourense

El Concello de Ourense adoptará medidas para evitar que el asentamiento de bandadas de estorninos en la ciudad continúen provocando problemas de salud entre los vecinos, sobre todo a raíz de los excrementos de estos pájaros, cuyos efectos son muy criticados por los vecinos.

Según explican fuentes municipales, la solución pasaría por incluir aves rapaces que ahuyenten a los estorninos de su hábitat, ya que según las estimaciones de la Concejalía de Medio Ambiente se podrían alcanzar las 35.000 unidades en la ciudad, " un problema ao que se lle ten que dar solución nun espazo breve de tempo", indica el alcalde de Ourense, Gonzalo Pérez Jácome, "ante as reiteradas queixas dos veciños sas zonas afectadas".

Estas son, principalmente, la avenida Pardo de Cela, la Alameda o As Lagoas. Pese a que los estorninos cumplen un ciclo de vida –descansan en invierno y desaparecen en verano–, los técnicos de Medio Ambiente realizarán estudios sobre el terreno en las próximas semanas para analizar las medidas más eficaces que impiden el asentamiento de los pájaros.

Las decisiones, asegura el Concello, serán de tipo ecológico, como la introducción de águilas "Harris" controladas por un cetrero para que perciban un peligro real y no se establezcan en las zonas verdes urbanas o la emisión de destellos acústico-ópticos.


Medidas sin éxito


Fuentes municipales recuerdan que las medidas adoptadas con anterioridad, según los técnicos, fueron "ineficaces e ineficientes", al haberse probado ya la poda selectiva de árboles –que no se podría realizar hasta el invierno, cuando la savia de los árboles está menos activa–, la colocación de halcones artificiales o de altavoces que emitían el sonido de aves predadoras, que pasaba desapercibido para los estorninos por el ruido del tráfico rodado.

Al margen del ruido que producen, los excrementos de los estorninos provocan mal olor y su carácter extraordinariamente ácido provoca la abrasión de los materiales en los que se asientan –flora, mobiliario urbano, vehículos, ropa o edificios–. Suponen, además, un grave riesgo de resbalones para los viandantes en días de lluvia. Las medidas de limpieza tampoco han dado sus frutos.