INFORME DE LA SEOPAN
La cuenca Miño-Sil requiere 1.500 millones de inversión
La farmacia Fábrega es uno de los pocos establecimientos antiguos que quedan en la ciudad en los que los turistas se paran y piden permiso para fotografiar el interior.
Don Constantino decide venderla poco después a don Luis Fábrega, propietario de otra farmacia en la calle del Progreso, presidente de la Diputación y cofundador de la Caja de Ahorros Provincial. La compra para su hijo Luis, quien la regentará hasta su muerte sin un farmacéutico en la familia que se haga cargo de la botica. Su viuda la venderá a su actual propietaria.
La transformación de las farmacias en tiendas de variados productos ha hecho que la publicidad y los mismos productos lo invadan todo y oculten parte de su originalidad, que las hace dignas de conservarlas. Las vidrieras están muy presentes en el local, tanto en la parte destinada al público como en la rebotica y el despecho del farmacéutico, incluidos los armarios.
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