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Enemigos de Egipto, reyes de Egipto

José Teo de Andrés | 11 de mayo de 2017

Los egipcios tuvieron muy claro desde los tiempos más remotos que se enfrentaban a tres enemigos, en el Sur los nubios, en el Oeste los libios y en el Este los hititas y luego los persas. Todos fueron rivales y con el tiempo también se convirtieron en faraones.

En todo Egipto se repiten en los muros de templos y palacios escenas muy similares: el rey con una maza aplasta a los enemigos del país, que se identifican con nubios, libios y sirios o hititas. El faraón se proclamaba vencedor una y otra vez sobre estos pueblos. ¿Pero fue así? No del todo. 

Los nubios era un pueblo del África negra que habitaban –y todavía lo hacen hoy- en el sur de Egipto y el norte de Sudán. Hacia el año 1450 antes de Cristo el faraón Tutmosis III inició la conquista de Nubia, cuyos habitantes pasaron a la condición de siervos y más adelante se integraron en el ejército. En Nubia se montaron grandes construcciones palaciegas, destacamentos militares y templos. Entre ellos uno muy especial, llamado Gebel-Barkal, la Montaña de Amón, donde se suponía que habría nacido el Dios de Tebas. Tan importante fue el culto que se convirtió en el nacional del pueblo nubio, que en poco tiempo adoptó modos, religión e idioma egipcio.

Ramsés II, en torno al 1250 antes de Cristo, en la Dinastía XIX, logró un acuerdo de paz con el enemigo hitita, firmando el primer tratado internacional del que hay constancia por escrito. Fue duradero y se cumplió. Le sirvió a Ramsés para pacificar todas sus fronteras –Nubia estaba sometida y los libios se habían alejado- y poder dedicarse al frente interno, básicamente a construir monumentos a sí mismo.

Años más tarde,  durante el III Período Intermedio, un rey de Nubia, Pianjy, se proclamaría faraón de Egipto, conquistando todo el país y unificándolo desde el Mediterráneo hasta Sudán. Los enemigos se habían convertido en señores del Doble País fundando la Dinastía XXV, que duraría casi un siglo, desde 740 a 650 antes de Cristo. Luego sería barrida y los nubios volverían a su tierra, aunque manteniendo nombres egipcios y construyendo pirámides. De hecho, hay más en Sudán que en Egipto, aunque de menor tamaño.

Los libios eran otro enemigo secular, pero también lograron hacerse con el control de Egipto durante el III Período Intermedio, formando las dinastías XXII y XXIII, con capital en el Delta y varios faraones que como los nubios asimilaron las costumbres egipcias. Los conquistadores fueron conquistados. No obstante, su reinado resultó limitado al Delta, pero se extendió durante varios períodos entre los años 940 y 650 antes de Cristo.

Aún más tarde, en torno al 520 antes de Cristo,  los persas, que se habían hecho con el control de la región que antes habían dominado asirios, hititas y babilonios, se internaron en Egipto y lo conquistaron conformando la Dinastía XXVII. Uno de sus reyes, Cambeses, sucesor de Darío el Grande, se hizo con el país pero a costa de perder su ejército y la vida en el desierto cuando trataba de alcanzar el Oasis de Siwa, donde se encontraba el famoso oráculo de Amón. No lo logró. Doscientos años después, Alejandro Magno tomaría Egipto echando a los persas que habían logrado recuperar el terreno –la Dinastía XXXI, sólo 30 años- y realizó el mismo camino que Cambeses, pero alcanzando Siwa, donde fue proclamado hijo de Dios.

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