Lo conveniente

Publicado: 02 dic 2025 - 04:26
Opinión en La Región
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Ramón Pérez-Maura escribía hace unos días en “El Debate” a propósito de las memorias del rey emérito Juan Carlos I: “No haya lugar a equívocos. Yo creo que don Juan Carlos no debería haber escrito y publicado sus memorias. Me parece que un rey no debe hacer eso”. Dicho de otra manera, lo que ha hecho resulta poco “conveniente”.

Lo “conveniente” es un territorio movedizo que habita entre lo permitido y lo oportuno. No es una norma escrita ni un deber jurídico. Es, más bien, un pacto tácito de expectativas socialmente compartidas. Montaigne escribió que “la palabra es mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha”. En lo conveniente hay también algo de eso: la acción es mitad del que la ejecuta y mitad del marco simbólico que la recibe.

Pero si algo vuelve a la conveniencia un concepto escurridizo es que carece de una definición universal. Lo que para unos es un acto de transparencia, para otros es una imprudencia; lo que a un sector le parece un gesto de valentía, a otro le suena a ruptura innecesaria; lo que una época considera oportuno, otra lo juzga temerario. La conveniencia es un producto cultural y, por tanto, variable. Su interpretación depende del punto de vista, de la sensibilidad política, del vínculo emocional con las instituciones o del temperamento moral de cada cual. Exigir unanimidad sobre lo que “conviene” es desconocer la pluralidad propia de una democracia.

Vivimos tiempos que empujan a la transparencia absoluta, como si cada pensamiento o experiencia tuviera que hacerse público de inmediato. Confundimos sinceridad con exposición permanente, y contar todo con contarlo siempre. Pero la conveniencia introduce un matiz esencial: la oportunidad. No basta con preguntarse si algo es cierto, legítimo o interesante; también hay que cuestionarse si es el momento adecuado, si aporta, si enriquece. La inteligencia del “cuándo”, virtud casi perdida, distinguía entre hablar para contribuir y hablar para desahogarse.

En un almuerzo oficial, un ministro local lanzó duras críticas contra nuestro país

Un diplomático español destinado en América Latina lo resumió sin pretenderlo. En un almuerzo oficial, un ministro local lanzó duras críticas contra nuestro país. El embajador sonrió y brindó “por la franqueza de los amigos” y solo en privado fijó su posición. “No convenía contestar allí”, explicó después. Su silencio no fue cobardía, sino lectura fina del contexto. Sabía que, a veces, la firmeza se ejerce mejor lejos de los focos. Esa es la esencia de lo conveniente: no renunciar a lo que uno piensa, sino elegir el modo de expresarlo para que produzca el efecto correcto.

Quizá ahí esté la clave para juzgar muchos debates actuales, incluido el que rodea las memorias del rey emérito. No se trata de censura ni de ocultación, sino de oportunidad. De preguntarse si un gesto, por legítimo que sea, construye algo o solo añade ruido. La conveniencia no es una coartada para el silencio, es una herramienta para que la palabra tenga consecuencias y no solo titulares.

Y esa es, al final, la gran cuestión que sobrevuela el libro de don Juan Carlos: ¿era el momento adecuado? Tal vez la historia lo responda con más claridad. Pero lo que sí sabemos es que, en política como en diplomacia, la diferencia entre lo adecuado y lo inoportuno rara vez está en el contenido, sino en el cuándo. Y ese cuándo, nos guste o no, sigue siendo el verdadero terreno de lo conveniente.

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