Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
TRAZADO HORIZONTAL
El juicio contra el Fiscal del Estado sanchista debiera ser un impulso del destino al proyecto de Ley de Información Clasificada de Sánchez, que supone la desclasificación automática de los secretos oficiales, aunque sólo del franquismo y la transición. A priori parece estupendo que conozcamos y aprendamos del pasado tanto como del presente para bien y para mal. Esto es: aprender de los errores, para no repetirlos; aprender de los aciertos para multiplicarlos. A este Ejecutivo de retales, postureo y memoria desmemoriada le gusta el pasado más que a un tonto una tiza. Desenterrar a Franco y pasearlo en helicóptero en aquella superproducción televisiva quedará entre los hitos del reality y del marketing político únicamente superado por la propaganda de Goebbels. Pero sería más útil para la sociedad española de hoy desclasificar el sanchismo para que no queden dudas de la limpieza y transparencia democrática de estos 7 años de culto presidencialista y adoración al líder surgido del rally del Peugeot.
Desclasificar los misterios del atentado de Carrero Blanco puede ser tan morboso como desclasificar los papeles del magnicidio de Kennedy en EE.UU. Y desclasificar los secretos del 23-F es tan obligado como desclasificar la contemporánea intentona golpista del separatismo catalán. Pero, además de los GAL, también sería de justicia desclasificar los papeles del terrorismo sanguinario de ETA, cuyos herederos son ahora socios prioritarios del sanchismo y amenaza electoral del PNV. La política se enreda a menudo en un tupido entramado de fontanería bajo maniobras que persiguen llevar la iniciativa en los momentos más desfavorables e impopulares del poder. Pese al triunfalista balance de Pedro cumplidor, el proyecto de Ley de Información Clasificada inicia una incierta tramitación parlamentaria en esta legislatura imprevisible que se presta al fracaso de un Gobierno débil, bajo mínimos, sometido por su apego al poder al chantaje permanente y acorralado por la corrupción, los informes de la UCO y los sucesivos autos judiciales.
Desclasificar el sanchismo es una tarea que, además de al Supremo y la UCO, también compete a la sociedad
Cuando dentro 30 ó 40 años se desclasifique de verdad el sanchismo, es posible que sepamos cosas que nos hielen la sangre, incluido el zapaterismo visitante de La Mareta. Claro que, con tanta fontanera, fango y cloaca, la desclasificación ha empezado con las grabaciones de Koldo, las revelaciones de Aldama que no eran una “inventada”, los whatsapps de Pedro y Ábalos en nueva versión mariana del “se fuerte Luis” y otras muchas epifanías sobre las que arrojará luz la investigación de la Guardia Civil, los jueces y los medios de comunicación críticos. El sanchismo queda desclasificado y retratado con el blanqueo de los ERE, las tribulaciones del Fiscal Ortiz que se sentará en el banquillo, la imputación de dos secretarios de organización del PSOE, la esposa y el hermano del presidente del Gobierno, las sospechas y denuncias de pucherazo en las primarias socialistas, las sombras del voto por correo con la imputada Leire validando las actas, los indicios de amaños sobre obra pública y púbica, la colocación a dedo de las “amiguitas” de Ábalos, la condonación de deuda generada por los socios golpistas, la excarcelación acordada de presos etarras, la negociación del encarcelado Cerdán con un prófugo en territorio extranjero, y un sinfín de vergüenzas más que el tiempo se encargará de ajusticiar.
Los Felipe-Aznar-ZP-Mariano fueron desclasificados por la Justicia en los tribunales y por los ciudadanos en las urnas. Pero este sanchismo obstinado y persuadido de su misión histórica como libertador democrático de la España oprimida por un supuesto fascismo de extrema derecha, equivalente al fascismo de extrema izquierda, pretende evitar rendir cuentas judiciales y electorales, como si su divinidad política de superioridad moral de izquierdas obligara a la sociedad española a tragar con todas las arbitrariedades destinadas a perpetuar en el poder los obscenos manejos con los que impedir el cambio. Ya se sabe que la primera finalidad política es alcanzar el poder. La segunda es permanecer en él. Y la tercera perpetuarse, aunque la lógica, la razón, la parálisis parlamentaria y la ingobernabilidad digan lo contrario. Desclasificar el sanchismo es la tarea pendiente de nuestro sistema, la obligación moral bajo necesidad de transparencia democrática con la que evitar concesiones descabelladas que nos debilitan como nación y nos hipotecan como sociedad. Como al comisionado de la dana, conviene también desclasificar al PNV, que es el peticionario reincidente de esta Ley, no se sabe bien si para recoger las nueces, para usar electoralmente contra Bildu o para explicar su traición de la moción de censura a Rajoy y a una mayoría social y parlamentaria más sólida que la del Frankenstein. Porque desclasificar el sanchismo es desclasificar el Frankenstein, acceder a los más espurios secretos de este cordón sanitario conjurado para impedir que gobierne el centro derecha en una clara maniobra de furtivo saqueo democrático. La desclasificación del sanchismo es una tarea que, además de al Tribunal Supremo y la UCO, también compete a la sociedad mediante el ejercicio del voto y la libertad de elección.
El circo de Juana Rivas, su ex italiano y CÍA volverá a actuar cuando se celebre el juicio del padre de sus hijos, Francesco Arcuri, por malos tratos a los niños. A mediados de septiembre volveremos a vivir en Italia la amarga utilización de unos críos en una causa de disputa matrimonial que debería avergonzar a ambas partes. La entrega legal al padre del hijo menor de 11 años la semana pasada en Granada que el Constitucional no paralizó obedeció a razones jurídicas de peso. Independientemente de la culpa y razón de la madre y del padre, lo cierto es que Juana Rivas ha convertido su vida familiar en un espectáculo mediático televisado que usa de forma poco edificante a unos menores que ya tienen bastante con padecer un amargo drama humano. El Gobierno socialcomunista enseguida tomo partido por Juana Rivas, a la que indultó tras ser condenada y encarcelada por secuestrar a los niños, comprometiendo de paso una modificación legal al respecto. Lo cierto es que aquí lo importante no son el padre, la madre y todo el revuelo mediático del caso, sino el bienestar de los hijos que los padres olvidan.
José Luis Rodríguez Zapatero no sólo es el germen del sanchismo y la muleta en la que se apoya Pedro menguante cuando se ve entre la espada y la pared por la corrupción y la rebelión de los socios de Legislatura. También es un firme interlocutor con Puigdemont y con regímenes de dudosa vocación democrática como Venezuela o China. Los contratos con Hawei del Gobierno español, cuestionados por la seguridad de EEUU y la UE, darán mucho que hablar. Pero sobre todo darán que hablar las conexiones de Zapatero con el régimen bolivariano chavista de Nicolás Maduro. El papel de ZP como consejero de Sánchez y validador electoral de un fraude denunciado por los observadores internacionales, su conexión con el embajador Morodo, condenado por ocultar ganancias de petrolera venezolana, y su última mediación con el régimen dictatorial le dejan en evidencia. Zapatero debe aclarar su papel en la liberación como preso político en un intercambio entre Venezuela y EEUU de un condenado por un triple crimen en Madrid. ZP facilitó el acuerdo entre Trump y Maduro mientras el Gobierno español guarda silencio.
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