Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
TRIBUNA
Quizás estuviese aletargada... Pero, en realidad, como recoge la Gaceta de Galicia, hasta iniciado el siglo XX, no se comenzó a trabajar en la posibilidad de hacer realidad su existencia. Fue, a lo largo de 1902, cuando vio la luz la Sociedad Cooperativa cívico-militar en la ciudad de las Burgas. Isidoro Temes Sanz, la presidía; y Carlos Taboada Tundidor, era el secretario. Nacía con un capital social, dividido en 1000 acciones de 25 pesetas que habían adquirido personajes influyentes civiles y militares de la capital.
“El plan era desacreditar la panificadora. Todo valía, hasta sobornar a los operarios para que la producción fuese defectuosa”
Estos espacios funcionaban, en general, como auténticos clubs sociales, si bien, a la par, se convirtieron en singulares economatos en épocas de especulación. Se puede decir que comenzaron a expender comestibles a un coste más asequible, en principio, para los socios; luego, para otros consumidores. El detonante, en Ourense, de este tipo de establecimientos, hay que buscarlo, en 1903, cuando los tahoneros apagaron los hornos, y provocaron una subida exorbitante del precio del pan. En Segovia, para evitar un motín popular, el Ayuntamiento había abonado el exceso de precio con bonos. Pero, aquí, la Corporación Municipal, presidida por Rodríguez Iglesias, ante el estado alarmante de la situación, se propuso no depender de la tiranía de un gremio y se planteó establecer una tahona con arreglo a los últimos adelantos de la industria en la recién creada Sociedad Cooperativa cívico-militar. Máxime, cuando al año siguiente el coste del pan alcanza cuotas prohibitivas.
En Ourense, el incremento del precio amenazaba, incluso, con soliviantar a las masas trabajadoras. Es, en ese mismo instante, cuando el regidor retoma la iniciativa de romper con el monopolio de los tahoneros, y frenar la especulación. Había que evitar, de alguna manera, que los consumidores, fuesen un juguete en manos de intermediarios. A fin de cuentas, quedaba claro que cualquier acontecimiento que acaeciese -una mala cosecha, una huelga, o incluso, el conflicto ruso-japonés…-, era suficiente para que, el precio de un producto, como aquel, tendiese al alza.
La carestía de pan, pues, le daba pie a Rodríguez Iglesias, a intervenir en la economía local. No por el ánimo de competir con los tahoneros, sino por combatir, con celo, la subida de un producto básico. De ahí que pusiese todo su empeño en gestionar, con la recién creada Cooperativa cívico militar que presidía Isidoro Temes, la instalación de una panificadora con carácter permanente. La Junta directiva de la Sociedad, enseguida, aprobó la idea por unanimidad. Nombró a una Comisión compuesta por Rodríguez, Moreiras y Taboada para que estudiase la forma de llevar a cabo el proyecto. Y, finiquitado el estudio, convocó de nuevo a los accionistas para acordar una nueva emisión de acciones. Para que fuese viable se necesitaba emitir en títulos -que podía comprar un consumidor por 25 pesetas-, treinta mil pesetas.
El propio alcalde figuró entre los suscriptores. En mayo, el Consejo de gobierno y administración de la Sociedad del que era secretario José Méndez Nóvoa, acordó proceder al cobro de las acciones suscritas. Finalmente, la Sociedad Cooperativa cívico-militar de Ourense -según El Eco de Santiago-, ampliaba a 100000 pesetas el capital social y emitía partes alícuotas de 25 por valor de 50000. Ya, en julio, la Sociedad adquiría terrenos en el Campo de San Lázaro. Posteriormente, el 23 de agosto de 1904, en sesión ordinaria supletoria, celebrada en el Ayuntamiento, se daba cuenta de la instancia que Ildefonso Meruéndano, en nombre de la Cooperativa había presentado. Se le concedía autorización para construir un edificio destinado a panadería en la parte Norte del Campo de la Feria en la parcela que había adquirido. Eso sí, era condición sine qua non que las obras se ajustasen al plano presentado. En apenas un mes, se inauguraba la Panificadora. Se expendía el pan a 40 céntimos -10 céntimos menos que en las demás tahonas-. No obstante, tan pronto como el nuevo local estableció su despacho para vender en condiciones de calidad y economía cada pieza, los tahoneros aurienses, por una parte, bajaron los precios; y por otra, confabularon contra la Sociedad Cooperativa cívico-militar. El plan era desacreditar al nuevo establecimiento. Utilizaron todo tipo de tretas, desde sobornar a los operarios para que la producción saliese defectuosa, hasta conducir por la fuerza a las revendedoras para someterlas a inspección.
“El diablo -decían algunas- metido a predicador”. Ciertamente, las encargadas por la Cooperativa cívico-militar de la venta del pan, en ocasiones, después de recoger la mercancía, eran retenidas por los tahoneros que, a la fuerza, las conducían al Ayuntamiento, para que allí sometiesen al repeso las piezas que portaban. De inmediato, la Junta ponía, rápidamente, los hechos en conocimiento del Juzgado. Es indiscutible, que economatos como éste, vinieron a romper con el monopolio de un gremio que controlaba todavía la producción y el precio. Fue tal su éxito que, con el tiempo, la Junta de la Sociedad Cooperativa cívico-militar se propuso estudiar la implantación de una tablajería -un local en donde se vendía carne al público-. Definitivamente, más pronto que tarde, la competencia efectiva vino a ser uno de los elementos definitorios de la economía de mercado. Y, sin duda, estabilizó los precios.
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